19.3.09
Felicidad

Nuestra vida es como una pizza. La masa equivale a nuestro cuerpo... el tomate es la hidratación y la alimentación q le debemos dar... el queso es el aspecto externo, que más vale que esté fundido... y teniendo ya lo básico para vivir vamos a añadirle sal a nuestra vida: una pizca de diversión en forma de orégano, un poco de fortuna en forma de bacon, buena salud en forma de pepperoni... imaginación al poder: maíz por abrazos, aceitunas por besos, atún por caricias, salsa barbacoa en forma de amor y felicidad en forma de trocitos de piña. ¡Qué rica pizza! Eso sí, el secreto de la pizza y por ende de todo en esta vida es no dejarla enfriar, mantener por siempre el calor de todos esos ingredientes, saborearlos y disfrutarlos para que podamos vivir felices.
14.3.09
Entrelazados

Haces que todo sea maravilloso, arqueas tus brazos y aprietas tus manos entrelazadas con las mías y dibujas un conjunto de sensaciones preciosas, nuestras pupilas y nuestra piel se relajan por momentos, deseamos sentirnos, escuchamos nuestra voz, cerramos los ojos, nos besamos y nos dejamos llevar por nuestros corazones y nuestros cuerpos: nos amamos de forma inevitable, de forma sobrehumana, y no hay nada ni nadie que sea capaz de detenerlo.
Al igual que un río lleva agua por su caudal, nosotros podemos llevar cariño por nuestra vida.
Cuando ese caudal es tan abrumadoramente fuerte que desvía su cauce no solo lleva agua, sino tierra, rocas y todo lo que encuentre a su camino, de forma inevitable, de forma sobrehumana, no hay presa ni dique que sea capaz de detenerlo.
Cuando ese sentimiento es tan abrumadoramente fuerte que desvía su vida no sólo lleva cariño, sino amistad, confianza, deseo, paz y todo lo que podamos imaginarnos en nuestro camino, de forma inevitable, de forma sobrehumana, y no hay nada ni nadie que sea capaz de detenerlo.
22.1.09

me gustaría apartar la niebla de cada paso que dieras, me gustaría romper tus problemas, calmar tus miedos y colmar tus deseos, quisiera que te quedaras conmigo y enamorarte, quisiera volar contigo para enseñarte otro mundo lejos del que conocemos, un mundo muy lejano al que tardaríamos mucho en llegar para así poder conocerte en el viaje y que todos los días fuesen el primer día, y que todas las miradas fueran la primera mirada, y que todos los besos fueran sinceros como el primer beso. Despierta: estamos en ese mundo ¿Puedes verlo?
29.11.08
humanidad

Es cierto que aunque seamos máquinas tenemos unos efectos animales. Esa forma de oponer y encontrar resistencia que se traduce en las malas caras, disputas, roces, navajazos y guerras en sentido amplio y plural y por ese orden, no es más que la manera que tenemos de vivir aunque sea animal. Mientras nuestros cuerpos funcionan de forma automática es nuestra mente quien nos induce a esos impulsos animales: nacemos con ello, de tal forma que lo salvaje se convierte en natural. Y lejos de todo eso, de lo normal, están algunas personas que gozan de mi más fuerte y sincera admiración. Aquellos que lo hacen todo por otros sin recibir nada a cambio, lejos del beneficio propio y del negocio. Solamente con lo que esos gestos constituyen se define la palabra humanidad.
9.10.08
Vacío

El vacío me posee. De un lado la desgana, que rompe con toda obra previsible, y de otro la pereza, que cansa todas las buenas ideas. Y con las dos aliadas contra mí al borde de la inconsciencia, completamente noqueado por tan duras contrincantes, firme apuesto por la fuerza de la voluntad. Voluntad, vacía voluntad. En tierra de nadie se hace la voluntad del más fuerte. Y hay un punto en el que el vacío retorna voluntad y la voluntad vacío. Sabemos quiénes vencen.
2.10.08
Dolor

¿Sabes qué? Que quisiera no habértelo dicho nunca y tan sólo haberlo pensado. Que tú eres el motivo de mis llantos, de mis aflicciones y de mis tormentos. De mi naufragio. Y lo peor de todo es que no sé nadar.
30.9.08
Locura parcial
Hoy me he levantado tosiendo de remate, y como firme defensor de causas perdidas no tengo futuro. Más me valiera colgarme una capa en ristre a la chepa, dejarla caer sobre mis hombros con un cartelito a lo pobre de mí y pasearme por la Gran Vía con una palma de la mano abierta: sabemos que los héroes son aquellos que luchan primero contra sí mismos para vencer sus propias fechorías en un mundo que al igual que yo está de remate. Tosed, tosed como yo.
22.8.08
Sunbreeze

Hasta ayer podíamos lanzar la mirada hacia el cielo y verla. Podíamos respirar los atardeceres en sus rutas desde su situación. Podíamos acercarnos a nuestros anhelos sobre ella, por encima de las nubes, en la cima del mundo. Podíamos planear contra corrientes hacia una deflexión extrema y ver desde allí montes, lagos, ríos, casas y, sobre todo, horizonte, ese que nunca perderá. Siempre y con todos los md82, vuela, Sunbreeze.
18.6.08
Play

No me lo creo, la causa de la ruptura de una pareja de más de diez años no puede ser la Playstation. Sí, puede ser cierto que el juego nos proporciona esa atmósfera de irrealidad atolondrada que nos hace confundir nuestros anhelos y crea esa competencia tan insidiosa entre ambos cónyuges por el tiempo que pasamos con cada uno. Pero con todo sobre la mano y valorando los estados psicosómaticos y alterados de tu organismo que para bien o para mal son capaces de infundir, esa batalla entre tu consola y tu pareja siempre la ganará tu pareja. La Play te proporciona un universo visible mientras que tu pareja es tu multiespacio visible y tangible: con ella puedes hablar del IPC. Todas las incompatibilidades van surgiendo desde que dos personas se conocen, y el siguiente paso, que se reafirma con el tiempo -ya sean segundos o años-, es hacernos la pregunta de hasta dónde y cuándo podemos llegar a soportar esas diferencias, si son demasiado negativas y si en verdad vinculan a esa separación. Una pareja que no se distancia va tejiendo una tela que en diez años pueder ser una red bastante sólida o una red carcomida por los años tan inmersos en la costumbre: de ahí que cualquier efecto como el de la consola, aunque sólo sea un ápice de lo que realmente hay, pueda conllevar o motivar la ruptura.
1.6.08
Melodía
Siempre hay una melodía para cada momento, única e irrepetible, que se enciende cuando le damos esa importancia que tiene. Hoy quisiera cometer buenas locuras, beber el mundo, exprimir cada pasión sobre el aire terrestre. Porque eso, precisamente eso, nunca volverá a suceder.12.4.08
Beso de ángel

No me beses, nunca es suficiente para un ángel, es una señal inequívoca de lo que eres y siempre has pretendido ser. No eres virgen por más que desde bien comprimida te hayan enseñado que los ángeles son así de puros, y que te quede bien claro que nada tiene que ver con la pureza. Debiste haberte desencadenado mucho antes de las garras tiranas, la vida es un río que va a parar a la mar y cuando paremos tenemos que saber nadar, y para aprender a nadar hay que ir tanto a escuelas de tiranos como a camas lacónicas. No fue una buena elección beber la perversidad... caíste. Raphaela resistió, si bien pasaba brebajes en oferta al clero nupcial celestial con caviar y ambrosía, y siempre dudó de las verdaderas intenciones de los ángeles tanto blancos como negros. Las antítesis que le fueron mostrando resultaron ser más simbióticas sin embargo conforme a sus propios encuentros por la vida. Y cuando descubrió al mismo malhechor que traicionaba a su propia sangre le dieron ganas de suicidarse, ganó tiempo que fue el que se tarda en morir hasta que alguien la rescató y la llevó a su luz. Fui yo. Tú has visto demasiadas cosas a lo largo de estos siglos, persiste en tu relato visceral.
7.4.08
Miedos
Vivimos ansiando nuestros deseos y esquivando nuestros miedos hasta que nuestros deseos se hacen evitables y nuestros miedos se convierten en deseables. Ese día nos sentiremos vivos porque habremos sido capaces de romper con lo que nos rodea para encontrarnos a nosotros mismos y desearnos, sin miedo.6.4.08
Diálogo
Dice la razón: Busquemos la verdad.
Y el corazón: Vanidad.
La verdad ya la tenemos.
La razón: ¡Ay, quién alcanza
la verdad!
El corazón: Vanidad.
La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón,
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.
A. Machado
1.4.08
Poder

Hastiado del calor, el príncipe lo cogió de la roca sin ninguna dilación. Mientras el musgo recorría su cuerpo, emergía en palabras: refréscate ahora hasta que tomes la zona en que se encuentra mi vigía el ciempiés. Dos moralejas. La primera, que odio: "el poderoso toma lo que desea cuando lo desea y siempre se anda con cuidado". Y la segunda, que me encanta: "por mucho cuidadito que tenga no le va a salvar ni Perry, se lo merece".
30.3.08
Mi actual trabajo

Salvando las adversidades de la hora del fin del contrato, sobre todo, y de los infortunios que la desconfianza siembra en el ambiente, puedo decir bien alto que nunca he tenido ni tendré un trabajo como el que respiro, de un aroma en el que viviría impregnado toda mi vida.
29.3.08
Física
La física nos posee, desde que nos gestamos hasta que morimos, desde que caminamos hasta que volamos, todo es físico. El espacio, lo que tenemos delante, se rige por una serie de leyes físicas inevitables con las que hemos de convivir, toparnos y aprovechar. Algunas no las entendemos o abusamos de ellas, otras nos sirven para mantenernos en pie, desplazarnos, vivir. Hemos creado infinitas realidades inimaginables, continuemos, pues.
28.3.08
Desconfianza
Hace tiempo que pretendía construir una oda a la desconfianza. Aquella que pasa por nuestro lado cuando alguien nos mira y la pura ingenuidad y nuestro bagaje cultural y personal hacen que sintamos lo que la sociedad nos impreca. Aquella que se acerca en forma de labios ajenos y que bebemos pese a no saber si lo volveremos a repetir. Aquella que intentamos desterrar con los nuestros, los que de verdad nos importan, confiando plenamente en que no aparezca por allí y desolando situaciones dispares cuando emerge. Hay personas que la llevan a un grado extremo. No es santo de mi devoción y no hablaré más de ella. Porque para que suceda siempre habrá tiempo, un tiempo que habrás exprimido satisfactoriamente con la confianza. Las más de las veces está repleta de sinrazón.
17.3.08
Normal

Silencio y frío. Mucho frío, con la ventisca de la noche el corazón se queda helado. Ningún ser de sangre caliente queda desguarnecido en este momento, yo ya no lo soy. Permanezco en la hendidura de la muerte escuchando abismalmente su voz una y otra vez, una y otra vez. Pertenezco ya a esa jauría indómita que se hace pasar por normal cuando es de día.
15.3.08
olvidar

Lejos de aquí, en la colina del olvido, él se retiró a pensar. Pasaron muchos días antes de que regresara, y cuando ya nadie pensaba que volvería, cuando ya todos habían comenzado a olvidarle, mostró su gesto. ¿Realmente se puede olvidar?
5.3.08
Infidelidad

Era el día del juicio final para ella. Nerviosa, ante todo un séquito de miradas firmes y amenazantes, no articulaba palabra alguna para contestar a la Verdad, quien se impacientaba a pesar de que su buena amiga la Paciencia le daba unas palmaditas en el hombro. El jurado, pactado y consensuado por la Lógica, politizado por la Justicia, quien presidía tan magna ceremonía y enjuiciaba el veredicto ya calculado de antemano a la vista de los componentes del jurado, estaba compuesto por la Promiscuidad, que estaba ruborizada, el Deseo, sonriente como siempre, la Virtud, acompasada por la realidad, el Amor, en posición beligerante, la Vanidad, indiferente, la Razón, muy cabreada, y la Cordialidad, visiblemente afectada por lo sucedido.En el lado denunciante y acusador se hallaba la Fidelidad sumida en un mar de lágrimas, y su abogada particular, la Verdad, proseguía su discurso ante el jurado:
"(...) todos sabemos que está mal. Ella hizo lo que hizo sin contar con nuestro miembro hoy en el jurado el Amor, debió contar con él, con su aprobación o reprobación, debió inexcusablemente aliarse con la Solidaridad, con la Armonía, con la Salud, con la Emoción, debió vivir a bien con su hermana la Fidelidad, que no merece de ningún modo estar en el estado que se encuentra hoy, triste, melancólica, compungida y dañada en el corazón. Ella rasgó con sus intenciones y sus perversidades las cadenas que sujetaban a la Traición, y por ello debe pagar (...)"
Una multitud de vítores se oía por entre la sala. Conforme exponía sus argumentos la Verdad ganaba adeptos entre el público de la sala que presenciaba el desarrollo del juicio. El público estaba muy repartido ideológicamente, pero no cabía duda de que su gran mayoría estaba con la Verdad. Cuando llegó el turno de defenderse, ella, sin abogado defensor, se levantó del lado contrario del banquillo y subió al estrado para hablar:
"quiero pedir disculpas a mi hermana la Fidelidad que me acusa de algo que no puedo dejar de hacer y que todos ustedes ven mal. No es que no te respete hermana, ¡yo te adoro! Es algo innato en mí, con lo que he nacido y con lo que moriré. Tú naciste de esa forma y yo nací de esta, es así. Y no me gusta hacerte daño pero es algo que siempre va conmigo, que volveré a hacer hasta la saciedad, hasta que mi cuerpo se estremezca de cansancio. Aquí en el jurado hay uno que siempre viene conmigo y no sólo es absuelto siempre sino que además está en el jurado... sí, tú, Deseo, no me mires así, que siempre te salvas por lo maravilloso que eres y todos te quieren contigo... y tú Amor, el más guapo de todos, que también te salvas siempre ¿cuántas veces has venido conmigo de la mano? ¿Cuántas veces hemos ido tú, yo y nuestra amiga la Lujuria que está en el público colorada y callada incapaz de defenderme? Me gustaría, hermana, no hacerte daño, pero si te lo hago quiero que me comprendas. Cuando quieras podemos hablar de ello fuera de aquí y seguro que podemos llegar a un acuerdo."
Y sin más palabras y con el público eufórico y revolucionado, sendos martillazos de la Justicia anunciaron que el juicio quedaba visto para sentencia. Ella, la Infidelidad, fue condenada a infinitos trabajos forzados con la Soledad y a pasar al menos una tarde entera a la semana con su hermana para rendir explicaciones sobre sus eternos actos y que así, juntas y dialogantes, pudieran llegar a entenderse.
4.3.08
Saeta

Sueño que en la profundidad de la soledad, en mi noche desierta del valle nauseabundo de la hojarasca otoñal, en una de las vertientes del abrupto bosque de la conciencia, cierro los ojos. Todo está tan oscuro que apenas puedo vislumbrar un metro delante de mí, el manto de niebla cubre tanto vida como muerte. Y entretanto unos pasos me inquietan, tan débiles que rasgan levemente las hojas caídas, su escaso peso y su lábil agilidad me tranquilizan. Un cervatillo perdido ansía calor, y hay lugares en los que el sigilo lo es todo para conservar la vida. En cuatro movimientos lo cojo entre mis brazos y descubro sin que oponga ninguna resistencia que está herido de muerte: una flecha dorada en su corazón me indica que ella está cerca. Es la diosa de la fecundidad, cazadora, asaeteadora, Ártemis, Diana.
9.12.07
Vida

Despierto. Y una nueva mañana se cierne sobre mi mente. Las nubes descienden a la tierra y me preguntan qué es lo que quiero. No sé qué contestarles y regresan a su mundo. No sin haberme poseído. Mientras cae la tarde y emerge la noche, pienso en qué contestarles al día siguiente. ¿Fantasmas? ¿Extraterrestres? Qué va. La vida misma.
5.12.07
Reo

Reo de tus pestañas
preso de tu voz
como eco en la penumbra
príncipe de tus sueños
me hallo en la prisión de tus
párpados,
saudoso de amor.
25.11.07
Bailemos

(...) porque no hacen falta palabras de más, bailemos. Lejos de la gente quisiera volar, prefiero que dure un segundo mi noche a tu lado a tener que vivir en un mundo prestado sin tardes, sin luna y tan lejos de ti... (...)
Lo cantan Calamaro y Coti.
24.11.07
Del afecto

El Afecto se ponía colorado entre tantas caricias. Estaba volando entre una nube con palabras suaves y puras, viajaba por el cielo con ese gran encantador, guapo y apuesto, el Amor, quien le estaba enamorando. Hasta que se ganó un tortazo en la cara propinado por nada menos que su hermana melliza la Amistad, que se escurrió de entre los brazos de la Pasión para abrir los ojos a su hermano.
7.10.07
carpe diem

Al despertar la mañana la hormiga, en su transitar hacia el desayuno, recia como de costumbre y con sus antenas menos descansadas que otros días, sin apercibir el peligro, se encuentra en su camino de frente con la araña, que se detiene hasta que una de las antenas de la hormiga la golpea emergiendo la alerta física en nuestra débil amiga, que, lejos de escuchar el mensaje de huida de dicha alerta, se queda embobada admirando la perfección del ser que tiene delante. Busca tu comida, hormiga, pero nunca vuelvas a bajar la guardia porque cada momento puede ser el último. Sus antenas se entrecruzaron tras escuchar a la araña y dio media vuelta.
Disfruta del momento. De momento.
Disfruta del momento. De momento.
3.10.07
justo

No es que sea injusto lo que vemos sino que es justo lo que se nos avecina.
Esto tiene demasiadas interpretaciones pero quedémonos con la de la maldad: somos malos por naturaleza.
31.5.07
magia o tormenta

¿Qué podemos hacer para que nuestro camino por la vida se convierta en polvos de magia y no en relámpagos tormentosos? Vaya pregunta ¿no? No existe la respuesta correcta, pero sí la ecléctica: vivir. Y ¿qué nos decantará el día de hoy tras mirar el cielo?
8.3.07
huella

Nuestro fin es dejar una huella en la que apoyarnos cuando ya no estemos. Que a su vez se apoye en otra. Y así sucesivamente, animalmente, evolutivamente.
22.2.07
distinto

Una vez oí que en la diversidad de situaciones y personas, y de comportamientos y razones dispares radicaba el albedrío libre; ahí más o menos estaba el interés o la magia que permiten que algo sea distinto de algo.
Aunque parezca que el sol siempre salga y se oculte por el mismo sitio, nunca lo hace. De la misma forma se comportan las personas, nunca las ves de la misma forma, siempre te sorprenderán (espero que para bien), y queda claro que ni salen ni se ocultan por el mismo sitio.
Besos
Aunque parezca que el sol siempre salga y se oculte por el mismo sitio, nunca lo hace. De la misma forma se comportan las personas, nunca las ves de la misma forma, siempre te sorprenderán (espero que para bien), y queda claro que ni salen ni se ocultan por el mismo sitio.
Besos
3.2.07
valor
Una vez que me armé de valor y cogí fuerzas de no sé dónde me dije a mí mismo: tú has hecho esto y lo vas a arreglar. Desde entonces pienso con las mismas palabras ante diversas situaciones de los demás.
1.2.07
Así como nuestro camino por la vida no deja de sorprendernos y nuestros anhelos se hacen vacíos por el paso del tiempo, de la fuente de alimentación para mantener sorpresas y felicidad resulta el placer.
31.1.07
no utilizar
El encanto de la mayoría de las personas es sólo utilizado por unos pocos. Y la ofensa gratuita de la mayoría de ellas es utilizada por casi todos.
30.1.07
échale ganas

Una hoja cayendo de su árbol le decía a otra ya caída en el suelo y derrotada por las pisadas de diversos transeúntes: soñaré y viviré, viviré y viviré, porque aún puedo dar más de mí misma.
29.1.07
humedad

Mientras la humedad acecha la respiración, rememoro las horas perdidas. Me adentro en un tren. Me adentro en una jungla densa cargada de especies que vuelan hacia sus intereses sin importarles lo más mínimo nada de los otros, de los demás. Nos hemos habituado a conocer nuestra propia existencia. Hemos aprendido a valernos por nosotros mismos, a ofrecer lo justo y a salvaguardar nuestras propias vidas. Hemos nacido para oponer resistencia y defendernos, defendernos de los demás. Y hoy me he dado cuenta de que somos malos por naturaleza, de que por mucho que ese manto de sociedad nos cubra no somos más que animales sin sentido viviendo en una jungla húmeda y resquebrajada por el óxido de nuestra sinrazón.
14.11.06
pintar
La vida muchas veces es silencio, dolor, promesas, oscuridad, dormir o soñar. Hay otras veces en las que todo eso lo podemos pintar de otro color: el tema está en que tenemos que tener pintura. Para conseguir esa pintura debemos estar en el primer mundo y trabajar para ganarnos una vida en la que nos queden momentos para poder pintarla de otro color más alegre.
Mil besos
Mil besos
6.10.06
dar

En una fiesta de luces. Cuando hay una que se quiere ir, es detenida por la anfitriona, enferma. No te vayas. No tengo nada que hacer. Te equivocas: tú me haces dar luz. Se quedó.
12.9.06
sentir

Una flor se abre y con ella brota la ilusión de mirarnos, de ceder nuestros espacios, de compartir escenas de color y de sentir una vez más en nuestro interior la pasión que realza nuestras vidas.
Mil besos
13.8.06
pecador
Alguien le llamó pecador. El deseo se sintió mal, se ruborizó, se ocultó y pensó. Pensó largo y tendido, inmerso en una depresión sin una duración determinada que concluia cuando ya no aguantaba más y se dejaba ver a la luz del día. Muchos le señalaban, le miraban como a un bicho extraño y algunos le veneraban tanto que le atraían para sí. Y tras volver a unirse con la pasión, alguien que observó sin permiso, con envidia e impotencia el acto le volvió a llamar pecador con argumentos incorrectos, inapropiados e inventados por seres desalmados.
10.8.06
olvidar
Hubo una vez que el corazón lloraba demasiado por culpa del amor, quien le había traicionado con la traición. Tenían por aquel entonces una relación seria, estable y locuaz, próxima y capaz de perdurar, pero se cruzó en sus caminos la pasión más deliciosa que nunca. Ésta les atrajo hacia su terreno y les provocó el placer. Fue corto pero intenso y larga la espera pero deseable, y finalmente ocurrió. Ahora la tristeza les inflige el castigo: olvidar.
5.8.06
felicidad
La pasión desde siempre fue muy promiscua, tanto que ardía ante los deseos de todos y de todas al ser pansexual, como le dijo la razón: de ahí que dudara entre quién sería el auténtico padre de la felicidad. Tenía rasgos de la estabilidad emocional, de la inteligencia, del sexo, de la concordia, de la gratitud, de la dualidad, del desenfreno y del amor, pareciera como si todos hubieran aportado sus genes para su nacimiento, pero su madre insistía en que sólo era hija de un padre: el amor, quien la poseyó, la enamoró y de esa unión nació una niña preciosa, la felicidad. Finalmente la razón tuvo que creerla.
2.8.06
agosto
Una vez en la vida debo encontrar dentro de mí una noche de agosto: mi alma perdida que arroje al mar.Héroes
28.7.06
Constancia
El joven e imprudente hijo se vanagloriaba de su fuerza al realizar el mismo trabajo antes que el padre sin haber concluido la jornada. Creyó que la juventud le concedería el don de ganar en su particular competición, y lejos de vencer le asaltó el cansancio.
Hoy tengo una virtud que enseñarte, la constancia, que como ves puede ser más vigorosa que la fuerza. A partir de ahora tus héroes morirán para dar paso a tus propias virtudes que tendrás que adquirir porque estás madurando.
Hoy tengo una virtud que enseñarte, la constancia, que como ves puede ser más vigorosa que la fuerza. A partir de ahora tus héroes morirán para dar paso a tus propias virtudes que tendrás que adquirir porque estás madurando.
26.7.06

Sueño con bañarme en tu sol, impregnarme de tus playas, moverme bajo tu cuerpo y llorar al alba, disfrutar de tus risas, comer de tus pestañas, subir hacia tus labios y rodar por tus nalgas, sueño y sueño con la quietud de la calma reflejada en tu mirada.
18.7.06
prudencia

Y en aquel reino la codicia se pasó de codiciosa y la intención no estuvo de su parte, por lo que el resultado fue una buena intención aunque en su origen fuera mala. La razón fue tajante porque siempre acelera el curso de la codicia y en aquel momento la impulsó hasta cometer el acto. Y la conciencia aunque sabía de las conductas pecaminosas de la codicia, aplicó un salvoconducto en base a un fin y justificando los medios para conseguirlo. La fuerza como siempre también se alió en aquel momento con la codicia, resultando muy útil en un reino en el que sobra el poder. Y la inteligencia igualmente recurrió a lo más positivo y fructífero: unirse a la codicia. Todo iba de perlas hasta que algo se trastocó: la sed de codicia hizo que todo el tinglado se viniera abajo porque apareció por allí mi amiga la prudencia, la misma que hoy me faltó.
(...) Acaso la codicia supere siempre a la prudencia en los consejos de los poderosos. Es posible que el miedo domine siempre sobre la compasión en la mente de un hombre con una espada en la mano. (...)
Ken Follett Los pilares de la tierra
13.7.06
sencillez
Cada recuerdo es un tesoro. Y un tesoro no es material. Hay miradas de segundos, de minutos, inolvidables. Una sonrisa, un gesto y ahí llega otra intención. Acercamiento, lejanía, qué distinto y qué cerca quedan a veces. Hoy quiero recordar su extrema pero delicada sencillez. Porque la sencillez nos hace mostrarnos tal como somos.
justicia
Como cada noche emprendo el vuelo hacia una zona distinta que me traiga añoranzas del pasado y pensamientos de futuro. Me acomodo a una altura que me permita observar sin llamar la atención, y a cada metro que recorro acabo de vislumbrar las riquezas de estas tierras en sus terrenos más desiertos, más oscuros, la flora y la fauna se abren ante mí con bosquejos y sonidos activos pero apagados por el ocaso del sol. Y en los terrenos más coloniados me entrometo por entre sus calles para admirar la fuerza de las raíces humanas en su esfuerzo por descansar y sobrevivir a la mañana siguiente. Joyas de la ingeniería y de la arquitectura se abren paso a mi volátil cuerpo, absorbedor de sabiduría y de cultura humanas. Y como cada día y cada noche y harto de verlo, aparte de bellezas siempre veo el mal: la desgracia acecha aquí y allá, sin justicia las más de las veces. Y sin siempre la justicia ser justa.
12.7.06
satisfacción
Pudieron pasar muchas cosas aquel día. De conseguir la gloria a hundirse en la miseria, o en la realidad. El campo de fútbol en un colegio siempre es ocupado en los recreos por los mayores, los más fuertes, y los pequeños siempre van fuera, en aquel caso a jugar en la arena. Pues como algo insólito un profesor de los mayores que les dejó salir fuera de su horario mientras presenciaba qué hacían por el patio fue a reunirse con la profesora de los pequeños que descansaba y de paso vigilaba cómo jugaban al fútbol en un horario en el que les pertenecía el gran estadio. Y ante la avalancha de peticiones de sus alumnos de ocupar el terreno por la imposibilidad de echar a los críos, acudió a negociar con la profesora una tregua. Y se inició el partido más serio que llegué a conocer. Como íbamos empatados a dos, el profesor al ver que sudábamos la gota gorda y que sus mayores no sólo no nos ganaban sino que estaban tocados, a cinco minutos del final decidió parar el juego y desempatar a penaltis. Perdíamos tres a dos y me tocó tirar el último. Siempre había admirado a unos cuantos tíos multimillonarios pero ases del balón, como Gullit, y desde bien pronto había comenzado a admirar la perfección de un gran lanzamiento a la portería: nunca me gustaron los que cogía el portero, y por contra todos los que iban lejos, pegaditos a los palos, me chiflaban, aunque hubiera veces que por un poco de mala suerte el poste rechazase el balón hacia fuera. Y yo soñaba con tirar y que la pelota rozara el larguero y se colara dentro. No voy a entrar en el tema de quién habría ganado sin penaltis si hubiésemos jugado cinco minutos más, pero sí en si el balón entró o no porque según mis compis y algunos de los otros fue gol por más de un palmo, lo que pasa es que el profesor se quería ir porque era su hora y no era plan de que tiráramos más penaltis; y además ganaban sus niños. Pues fue muy curioso porque estaba como un flan: todos me miraban y contemplaban la carrerilla que cogía, y la de cosas que se me pasaban por la cabeza, miraba menos la portería que a ellos, había un portero que era el doble de grande que yo y me miraba mal pero yo sabía que estaba nervioso y además sabía que no lo iba a parar; no porque estuviera tan seguro de mí mismo, no, sino porque iba a tirarlo tan ajustadito que o entraba o iba fuera, y ahí estaba el salvoconducto y el tema de todo esto, de mi sueño. Y tras un silencio descomunal, pelotazo, golpe al larguero, de ahí al suelo y del suelo a arriba, en mi dirección, por el efecto. El profesor dijo que no fue gol y todos los mayores gritaron y se abrazaron por ganar. Y yo permanecí ajeno a todo eso. En aquel momento conocí la satisfacción de cerca. La besé en los labios pero me rechazó. Y pese a lo que pese y a la insatisfacción de todos los allí presentes al deducir que habíamos perdido, yo conservaba una sonrisa interior y me relamía una y otra vez sintiendo las cosquillas del orgullo. Después todos nos fuimos, y como casi no hablé con nadie daba por hecho que aquel partido lo ganamos. Y dejando a un lado a los que quedaron tristes, puedo asegurar que yo estaba más contento que los propios mayores que ganaron, porque todo se puede enfocar desde distintos puntos de vista, y mi punto fue el más correcto para mí, y el más ilógico de la situación. Creo que si pudiéramos ver lo que pasó tiempo atrás nos reiríamos mucho. En aquel momento al verme desde mi posición privilegiada de adulto de ahora pensaría en lo tonto que había sido por un lado, y por otro me echaría a llorar por haber sido capaz de sacar partido a lo que nadie sacaba ni saca de una derrota: cumplí mi sueño futbolístico.10.7.06
verdad

Aquel día la verdad fue acallada de un golpe por la fuerza. La pobre fue sangrando por la nariz después de chillar enérgicamente y un gran silencio se hizo para calmar el revuelo después de aparecer la paz, con sus manos abiertas y atrayendo la mirada de todos los allí presentes. Sin mediar palabra había detenido la hemorragia de la verdad con un gesto y la ira interior de la fuerza con otro, y se estaba retirando del lugar rápidamente una vez concluida su misión. Al poco de irse la paz todos los demás estaban haciendo lo mismo, hasta quedar solos la fuerza y la verdad, de nuevo. Pero esta vez lejos de discutir y más lejos de enojarse y soliviantarse, se besaron placenteramente sin dejar ver si allí había sólo amor o sólo placer (porque tanto el amor como el placer se habían ido junto con los demás).
Aunque sea muchas veces triste hay tantas personas que suspiran por la fuerza, y es algo que inexorablemente es verdad.
6.7.06
soledad

La soledad estaba harta de estar sola. Se había dado veinticuatro paseos por el campo, por la montaña y por la playa, había recorrido lugares exquisitos y había experimentado sensaciones alegres y tristes, tristes y alegres, pero lo que envolvía todo ese desplante de capacidad para soñar y navegar se estaba agrietando porque sentía que necesitaba compañía con la que compartir momentos. Ella siempre aducía que su meta consistía en estar tranquila, recorrer mundo, disfrutar, vivir, y qué mejor que sola. Todo le fue muy bien hasta cierto día en el que no pudo más. Después de llorar y llorar como tantas veces había hecho comenzó a hacerse preguntas a sí misma, a su corazón y a su razón, que siempre delimitan lo franqueable de lo infranqueable. Ella se preguntaba por qué habría elegido estar sola, gritaba hacia el cielo llorando y el silencio fue lo que obtuvo por respuesta. El límite siempre lo impuso al adquirir su condición, y fue extremo porque deseó la mayor soledad para recluirse en sí misma, para vivir consigo misma y para disfrutar consigo misma. Y lo más importante es que lo eligió ella. ¿Por qué ahora alentaba al vacío que quería algo distinto? Consultó a sus confesores. Su corazón en aras de la ecuanimidad quiso llevarla a su terreno queriéndola convencer de que su destino sería mejor si todo en ella fuese compartido por los demás. Su razón siguiendo un criterio ecléctico la recomendó que su tarea consistía en estar sola porque de ella misma emanaría su felicidad una vez que comprendiera el significado de para qué había elegido estar sola. Fue en ese momento cuando eligió, sonrió, voló, disfrutó, vivió por fin, porque hasta entonces, a pesar de su buen hacer, no había comprendido por qué se quedaba siempre sola con su soledad.
3.7.06
conocer
Y uno, respiro, y dos, espiro, y repito. Y como el ave que renace comienzo de nuevo a emprender un camino pantanoso para aprender definitivamente el conocimiento, casi nada. Pero de todo.
27.6.06
locura
Si tomamos de un lado la cordura y de otro la locura descubriremos que una pesa más, que es más apetecible porque siempre es imprevisible y resulta menos aburrida, no es lineal, no es banal; es irreverente y en verdad es muy atractiva.
25.6.06
Hoy imaginé que sus manos me cogían de la cintura y me acercaban, que sus labios me miraban y sus ojos me besaban: esta noche imaginé que ella me acompañaba.
23.6.06
pregunta
Te escucho sintiendo esa especial delicadeza que tienes al hablar y me pregunto si te quiero.
22.6.06
manual

Aquel día un joven y reciente amor dejó su manual de uso en una estantería. Se levantó pronto y tras desayunar había consultado solamente el primer capítulo, de cómo llegar a tener éxito y no fracasar en su intento, y los demás los había ojeado en el índice pensando en leerlos más adelante porque no había prisa: algo que había leído en el primer capítulo, y tenía que aplicarlo. Ya sabía de su creciente poder porque en esas páginas le describían al dedillo la cantidad de sentimientos que le envolverían por completo y que se harían notar en el interior y exterior de las personas. Salió a dar una vuelta a ver qué pasaba. Su primera toma de contacto con personas enamoradas resultó ser una experiencia inolvidable, así como la segunda, la tercera y sucesivas en las que se entretuvo toda la mañana de aquel día. Sonriente, extremadamente sensible y con los nervios típicos de haber hecho una hazaña prodigiosa, regresó a su morada feliz por haber sabido hacer el bien a tantos. Mientras descansaba loco de contento le entraron ganas de saber más, de ver hasta dónde podía llegar, de conocer todos los misterios y secretos, en fin, se vio absorto en una inquietante sed de conocimientos que debía saciar para sentirse mejor, y todo ello lo encontraría en su manual. Corrió hacia su estantería dando grandes y seguros pasos hasta llegar a ella, cuando de repente un escalofrío retumbó por su cuerpo: descubrió que se lo habían robado. Y jamás pudo llegar a leer el último capítulo sobre cómo cuidar un amor.
take away my pain

Destierra mi dolor.
Deja el frío ahí fuera donde no nos moleste.
No dejes que nos llueva.
No tropieces con mi orgullo.
Destierra mi dolor.
Ya no me asusta nada.
Quédate conmigo esta noche.
Estoy cansado de esta lucha.
Pronto estaré llamando a tu puerta.
Abres los ojos ante un sol idílico, respiras un aire cargado de humedad y sensibilidad que te refresca por las noches y te sofoca durante los días, maquillas tu cuerpo de un color oscuro poco a poco y enmascaras tu mente con una satisfacción personal, desenredas tu precioso pelo adicto a la sal de su mar y rememoras lo bueno de un amor y lo irreal de otro sin poder controlar que mientras ambos se mezclan en tus costumbres echas de menos a los dos.
21.6.06
traición

Una vez la traición fue llamada ante la razón para que dictara sentencia. Se le culpaba de haber contado con el rencor y los celos, sus cómplices en aquella ocasión, para cometer una de sus fechorías típicas. La acusación particular la constituia el amor, quien en legítima defensa alegaba haber sido traicionado por un superficial subconsciente ardiente de delito, queriéndose referir al deseo, el cual se defendía en el juicio como podía. La razón tan moderadora como siempre arbitró una serie de ponencias por parte de uno y otro bando, incluyendo a los testigos. La traición indicó que no pretendía hacer daño a nadie porque le pareció que todas las partes estaban contentas y felices con lo que sucedía, algo que corroboró la pasión como principal testigo. El amor alegaba que el deseo le había sido infiel y que había hecho un pacto con la traición para desterrarle del mundo para siempre, y presentaba a su principal aliada que atestiguaba sus palabras, que no era otra que la decepción. Para emitir su juicio la razón tuvo que enfrentarse a un terrible dilema: aun sin ser razonable lo que preveía sentenciar, en aquel momento le pareció lo más justo. Aunque todos llevaban parte de verdad en lo que decían, lo que menos le gustó fue que apareciera por allí el rencor. El amor se fue llorando a su casa y la traición fue absuelta así como sus cómplices, y el deseo se fue sonriente de la mano de la pasión.
19.6.06
ave

Desde siempre me he sentido un bicho raro. Nunca me gustó hacer lo que los demás, ni ir donde los demás ni llevar lo que los demás. Puede que sea un ave que vuela quizá a contracorriente, qué sé yo, lo que veo es que los demás las más de las veces llevan una ruta distinta a la mía. Me encanta pasar desapercibido casi siempre pero hay momentos en los que lo evito, tal vez para mostrar mis rarezas o tal vez para mostrarme tal y como soy. Me gusta acariciar el aire como una mariposa cuando bate sus alas enérgicamente y flota con delicada suavidad, me gusta respirar el olor de mi saliva en la piel de mi mano, me gusta mirar a los ojos a alguien que se lo merece, me gusta pensar, me gusta escribir, me gusta volar, volar por encima de todas esas nubes a veces sin perderlas de vista, y si es contigo mejor.
ida y regreso

En un solo suspiro llego adonde quiero. Me concentro, respiro profundamente y emprendo la marcha. Miles de pensamientos se me avienen por la mente, me poseen, me posees. Miles de sentimientos me envuelven entre luces de colores. Hasta que atravieso la estratosfera y corro raudo hacia mi planeta, rodeado de un baño de luces. Y llego. De allí cojo un puñado de tierra que transformo en un halo de vida. Contemplo una escena familiar y retomo el viaje para regresar por el mismo camino que hice. La velocidad aumenta, se me acaba el oxígeno y me obliga a dejar de disfrutar del increíble trayecto. Y sin apenas esfuerzos por querer llegar, retorno a un lugar privilegiado como siempre. Hoy retorno a acallar el Vesubio, y hoy más que nunca me habría gustado hacerlo contigo.
18.6.06
fetiche

Todo el mundo tiene fetiches y a quien no le da por una cosa le da por otra. Y hoy he averiguado que yo tengo uno: al bajar en Alonso Martínez hacia el andén de la línea 10 con dirección Puerta del Sur por el lado prohibido, te encuentras con una escalera de mecanismo automático a la derecha, que siempre tiene peldaños que suben, y una más grande, a la izquierda restante, con la que te tienes que pelear para bajar y que tiene dos tramos de diferentes alturas respecto de la otra escalera. Pues bien, si bajas esa escalera en su primer tramo bien cerca de la derecha podrás ver reflejado en el cristal de la otra escalera tu calzado mientras bajas: a mí me encanta ver cómo se deslizan mis zapatillas en ese primer tramo de escalera.
15.6.06
escape

Casi siempre nuestra forma de volar supone un escape: le hacemos un quiebro a todo cuanto se nos presenta por delante y nos vamos sin caer en la cuenta de que ese trayecto que comenzamos desembocará en otro lugar del cual tengamos que volver a escaparnos. Por eso le aconsejé a una amiga mía que jamás se fíe de un tío que quiere estar con ella mientras tiene a otra ya agarrada: "si la deja por ti, tarde o temprano acabará haciéndote lo mismo".
astenia
La luz del despuntar del sol comienza a cegarme mientras me dirijo a su montaña, en la lejana lejanía del horizonte. Intento volar más bajo pero me pesan más las alas porque calienta más y más y me voy debilitando hasta el punto de caer. Busco un lugar donde permanecer oculto hasta la próxima puesta de sol.
14.6.06
mareas

Enmarañado, oculto entre las mareas de agua efervescente y salada, contemplo un cielo vestido de azul. Unas nubes sin fin me adelantan, llevan prisa, corren sin ser capaces de advertir mi presencia. Y yo, lejos de sentirme amilanado por la lentitud de mis movimientos, soy consciente de que algún día llegaré, mas sin ser visto.
13.6.06
técnica

Y digo yo que en alguna de tantas veces en las que se unieron tuvieron que dar su fruto. Hay muchas veces que es difícil concebir un bebé. El procedimiento es fácil pero el resultado depende de muchos factores y siempre se escapa de nuestras manos. Es lo que de común les pasaba a la fuerza y a la inteligencia: que al unirse disfrutaban al unísono de un sentimiento de potencia y bienestar inmune a cualquier otro poder. Y cada vez que se unían pues brotaban chispas y conseguían su fin siempre porque eran infalibles. Pues bien, en una de tantas lo conseguieron y tuvieron una flamante hija: la técnica.
11.6.06
mar
Su mirada desnuda mis pensamientos y acaricia mis sentimientos. Me trae y me lleva por un mar desierto, sin nada ni nadie, precioso.
muralla

La vida está llena de altibajos, y más altos que bajos, de momentos buenos y malos, más buenos que malos, de costumbres, novedades, sonrisas y lágrimas, más sonrisas que lágrimas, de acercamientos y distancias, más acercamientos que distancias, en fin, de miles de cosas que ver y sentir. El truco para saber aprovechar todo lo expuesto antes, en definitiva viene a ser disfrutar más en la vida, consiste en saber sacar el máximo partido a cada momento vivido siempre y cuando sea bueno, claro. Y todo se puede llevar a cualquier plano de la vida, a cualquier persona, a cualquier hora y en cualquier lugar. Y conseguirlo simpre va a suponer que construyamos nuestra propia muralla de felicidad para resguardarnos dentro de ella de los peligros que nos acechan ahí fuera, y una vez construida habrá que mantenerla, algo más difícil aún pero muy posible; todo, como decía antes, radica en nuestro tacto y capacidad de encajar piezas a modo de ladrillos con los que sujetar nuestra felicidad.
10.6.06
revitalizarse
Siempre hay una vida que pide a gritos revitalizarse. Esto no es nada más que cambiar su forma, su piel, su hábito, su rutina, su gesto. Nada más lejos hacen las plantas, que luchan por acercarse adonde dé más el sol. Nada más lejos hacen los animales al igual que las personas, que pelean como chiquillos por naderías banales. Y todo es para conseguir un fin: una distracción hacia un tiempo que pasa inexorable por entre sus mejillas y pule aquellos rasgos que no desean tener. Y tarde o temprano se pulen, porque el hecho de llegar a entender ciertos comportamientos supone y es el producto de haber vivido. Y tras haberlo vivido hay que revitalizarlo.
8.6.06
¿puedes sentirlo?

En algún lugar suena un violín que produce música, la misma que de forma dulce se asemeja a los sonidos opacos que transmiten los movimientos de sus labios. Ahora mismo no los oigo pero los siento. Y sentir esa melodía me hace entrar en un trance de aire, lo siento a uno y otro lado de mi mirada, su aire me está llenando, me cura y me da vida. Es tiempo de sentir, siempre lo es.
7.6.06
amor audible

Se percibe en el ambiente y se hace poco a poco audible en el interior de tu alma: es su voz. De un color exquisito como uno de esos únicos manjares que te encontrarás en esta vida, comienza a rodearte y una vez que te ha descubierto por entero te vapulea. Entras en un estado de calma aparente pero de nervios interiores y además corrosivos. Experimentas sensaciones muy buenas, son ondas que te aportan bienestar, relax y salud, y sobre todo satisfacción. Y en ese momento, cuando ya notas que todos los pelos de tu cuerpo se han erizado, cuando tienes la piel a flor de piel y cuando se te dibuja una sonrisa humedecida por ti mismo y ansiosa de que no seas tú quien lo haga, ahí habrás caído en sus redes, esas redes de voz aterciopelada y comedida, y te habrás enamorado. Y cómo no enamorarse si es una maravilla.
6.6.06
verdad y mentira
Una vez, no muy lejos de aquí, surgió una controversia muy grande entre dos amigas. Ambas eran muy muy tozudas, pero mucho, a más no poder, pero muy civilizadas, nada de tirarse de los pelos, y así muy amigas y muy leales. Tanto que una no podía vivir sin la otra, es curioso, aun siendo antagónicas estaban unidas porque aunque no estuvieran juntas siempre la una tenía presente a la otra. Aquel día del que hablaba antes de irme por las ramas decidieron echar un pulso; sí sí, así, a brazo partido por fuerza. Pensaron en que sería conveniente de una vez por todas saber quién sería la más fuerte. Pues bien, aquel pulso todavía no ha tenido fin.
5.6.06
scheat

Scheat es una gigante roja que habita a unos 200 años luz de nosotros y que viene a ser unas 145 veces más grande que el sol. Hay muchas veces que me he preguntado si es real, bueno, a decir verdad no sólo ella, y me he respondido a mí mismo que no. Tengo planeado un viaje hasta aquel sitio y hasta que no pueda realizarlo seguiré mirando hacia arriba asombrándome de cómo será estando allí, seguiré preguntándome si tiene vida propia o no, seguiré mi camino observando la magnitud con la que me mira y algún día la podré mirar yo de la misma forma.
3.6.06
ilusión
Siempre reside en nuestro interior, siempre nos pregunta por qué esto y por qué lo otro, y lo peor de todo es que casi nunca obtenemos respuestas coherentes porque la razón nos aconseja algo y el deseo otra cosa inevitablemente muy distinta. Y aunque la controversia esté servida y nos produzca dudas las más de las veces, en verdad la ilusión muchas de ellas las vence.
2.6.06
drive

Y vuelve a renacer la pasión, aquella que es merecedora de mis ánimos y de mis fuerzas, y con gran precisión conecto ese drive paralelo que me hace ganar el punto, el set y el partido.
27.5.06
única
El colmo de la belleza, de la sencillez, de la picardía. Puedo asegurar que así es ella. Cuesta creer que cualesquiera de sus miradas convence. Que su voz me hechiza. Que sea tan normal y distinta al mismo tiempo. En cambio, que sea única no.
reflejo

Normalmente cuando miramos a alguien a los ojos percibimos ciertas cosas. A ese 95% de personas que se cruza con nosotros incluso estando a nuestro alrededor y bien cerca no le prestaremos ni la más remota importancia a su mirar. Y tampoco a ese 4,999% largo con el que podríamos hacer algún hincapié más que percatarnos del color de sus ojos. A lo largo de nuestra vida nos encontraremos con una persona o unas pocas como mucho en las que sentiremos que al mirarlas nos veremos reflejados en sus ojos de forma doble: eso querrá decirnos que estamos ante una persona única en la que no sólo vemos el interior de sus ojos en sus ojos sino que además veremos el nuestro propio en los suyos.
período de prueba

Claro que las relaciones personales pueden ser fáciles o difíciles, sencillas o complejas, pero yo considero que todos podríamos estar con todos, como en el mundo animal. De hecho hay tantos que se empeñan en que esto sea una selva en la que estar por encima de los demás sea un triunfo para conseguir a las demás, y viceversa pero menos abundante, claro. Y lo más jodido de todo es que eso sea así y ese pensar esté tan generalizado. Lamentablemente no hemos evolucionado tanto como creímos, mientras que en un tercer mundo esto no se discute, en un primero acontece a gran parte de la población. La educación juega un importante papel de cara a erradicar ese apuesto machismo insolidario pero aún hoy en día desde bien pequeños se nos sigue tachando con un color azul o rosa. Y es lo que hay. De modo que ciertas tradiciones a la hora de buscar, mantener y enraizar pareja siguen estando a la orden del día: tal vez por eso y no por otras cosas todos podamos estar con todos. Y todos inexorablemente nos podemos conformar con todos. Ahora vendrá la gran certeza que dice que dependerá de nosotros. Pero en vista del popular dicho del "eso sólo ocurre al principio" y de la conformidad por parte de todos, ¿es que no hay ni un sólo ser que se rebele ante todo esto? Los seres humanos podrían estar todos con todos, pero aparte de utilizar una preferencia en cuanto a gustos para la elección de esa persona deberíamos ampliar ese período de prueba para que nuestras parejas nos convenzan, un período que debería ser de por siempre.
luces en tu mirada
Un día decidí cambiarle el nombre a este diario, aunque de diario tenga poco y sea un decir que además me encanta. La luz nos rodea, vive con nosotros, nos evalúa, nos inspira, y todos tenemos una luz que habla por nosotros mismos: se manifiesta en nuestros gestos y más aún en nuestra forma natural de mirar.
26.5.06
eve
Un comienzo lento, la piel se relaja, los ojos empiezan a cerrarse para adentrarse en un eco de paz. Lentamente va cogiendo forma, mis pelos se erizan y ya se aprecia ese tono mágico. La tranquilidad reina por momentos, cientos de imágenes pasan por mi mente, todas sorprendentes e inexplicablemente atractivas, hechos, alegrías, tristezas. Y poco a poco se enaltece ese estilo innato de conseguir una completa armonía que como todo lo bueno y placentero dura unos segundos para finalizar en el culmen de un éxtasis celestial.
22.5.06
vuelo
Un peculiar batir de alas, unos cuantos suspiros de otro planeta que miman nuestros corazones, un roce de manos y hombros que nos lleva a ilusionarnos y a sonreír. Y por entre las nubes realmente andamos volando.
encantadora
Cuando la ves te atrae, cuando hablas con ella te encandila, cuando la ves sonreír te seduce y cuando la miras a los ojos te enamora.
21.5.06
crece
Cuando parece que todo está yermo, una sonrisa va creciendo y apunta alto al horizonte.
20.5.06
ciclo
Así como las olas del mar vienen y van arrastrando vida y materia y las golondrinas hacen y deshacen su peculiar ruta, el amor retorna a su ecléctico ciclo.
19.5.06
improvisación
Una de tantas veces el deseo discutía con la conciencia sobre aquella extraña restricción. El deseo quería dar rienda suelta a sus impulsos y había llamado ya a sus amigas pasión e imaginación, había quedado con ellas pongamos a las ocho en punto. Tenía preparado su traje de gala para infundir lo que mejor sabía hacer en él y había preparado una fiesta por todo lo alto, queriendo invitar también a la conciencia. Cuando se lo propuso, la conciencia le pegó cuatro gritos y le hizo callar colgándole el teléfono, pero el deseo tenía más que nunca ganas de deseo, y decidió proseguir sin dejar que nadie le aguara la fiesta, pues entre otras invitadas también estaba la razón y le había dicho que no era nada malo. Antes de vestirse para su fiesta, sobre las siete y media, el deseo volvió a llamar a la conciencia. Esta vez no hubo malos modos, el deseo le dijo a la conciencia que si le apetecía se podría pasar cuando quisiera por allí a divertirse, y la conciencia rechazó de nuevo la invitación. Una vez de marcha en la casa del deseo alguien timbró, y tras abrir la puerta el deseo comprobó que era su conciencia: todos han aprobado tus improvisaciones, son magníficas y yo no seré menos -le dijo la conciencia al deseo-. Y se besaron. Y de esa unión emergió el placer.
18.5.06
boeing 747

Estruendos de fondo, más cerca, más aún, y aparece entre unas nubes, ascenciendo, desapareciendo por momentos, quién sabe dónde estará ya. Ruta suroeste, transatlántica, lejana, ¿habrá llegado ya? Por muchos momentos me habría encantado estar a bordo de ese pájaro y pilotarlo. Y mientras se alejaba pensaba en la maravilla que había pasado por allí arriba hacía tan sólo un momento, en cómo habremos sido capaces de construirlo y de mantenerlo ahí arriba con lo que pesa, y en lo ridícula que parecía la plazoleta desde las escaleras del metro de Carabanchel esta tarde cuando el bicharraco ese no cabría en ella ni de patas.
17.5.06
momentos
Cada momento es una historia y de nosotros depende que sea inolvidable.
16.5.06
llanto
Hoy ha llovido y tras las húmedas vidrieras
un corazón llora al esperar lo que no llega
sabiendo que allí mismo, en el calor de su seno
un cándido amor late con más fuerza y sin freno.
un corazón llora al esperar lo que no llega
sabiendo que allí mismo, en el calor de su seno
un cándido amor late con más fuerza y sin freno.
15.5.06
luces

Cuando yo nací, me dijeron un día, había una cantidad de luces mirándome de tal forma que todas se alinearon para poder ver bien cómo un minúsculo punto dentro de una masa de materia sinérgica lograba respirar de forma autónoma. Desde entonces ellas me acompañan cuando sufro, me transmiten energía y siempre siempre están agradecidas. Cada vez que las miro me asombro y siempre siempre me sorprenden, porque en esa capacidad para sorprenderme y fascinarme radica la magia que desprenden para hacerme feliz.
14.5.06
cuerpo
Existe en algún lugar un pequeño cuerpo lleno de sencillez y de paz. Es pequeño en comparación con la superficie terrestre, pero grande y valioso en comparación a todo lo demás. Además puede comunicarse de una forma especial. Es una persona, y cuando hablas con ella te transmite unas sensaciones indescriptibles que se apoderan de ti; su mirada se lanza hacia la tuya hasta poseerla y su sonrisa te hace estremecer. Como cuando al comenzar un viaje largo sabes que te encontrarás demasiadas cosas no conocidas, al estar con ella sabrás que la conoces de por siempre.
13.5.06
tú
Tú eres el aire que respiro.
chispa
Hay una canción que dice todo arde si le aplicas la chispa adecuada. El amor se gesta, se lleva a cabo, se entrelaza y se alimenta, pero no son fases del amor, sino necesidades. Lo que permite que ese amor arda es una chispa, sin ella no hay nada, hay vacío. Y quienes consigan mantener esa chispa lograrán la felicidad.
11.5.06
voz
Y ante el abismo del olvido, una vez que la conciencia ha tomado el poder pensando qué es lo correcto, se oye una voz ahogada que se esfuerza por ser escuchada: la del amor.
10.5.06
momentos
Hay momentos inolvidables, momentos para olvidar y momentos vacíos. Los que no se pueden olvidar son huecos de nuestra vida en los que se detiene el reloj y parece que tenemos un poder sobrenatural para disfrutar. Los olvidables son ratos de malas pasadas. Y la mayor parte de nuestros momentos sabemos que serán los vacíos porque hagamos lo que hagamos sabremos que si conducen a algo serán para satisfacer una necesidad sociológica o biológica.
9.5.06
deseo
En la lejanía, donde no podamos encontrarla, subyace siempre una idea generalizada que todos tenemos que consiste en ir más allá de donde estamos. Múltiples puntos de vista y objetivos, múltiples ideas que nos permiten desear una mejora de lo que ya tenemos. Esas ideas muchas veces nos permiten visualizar un horizonte de felicidad y pasión por algo, y necesariamente implican un riesgo. Unas veces acertaremos en nuestras decisiones y otras fracasaremos: elegir qué camino tomar puede conllevar una mejora o un empeoramiento de nuestra situación, y sopesar ese balance, una u otra ruta, será decisión de nuestros deseos.
hechizo
Todo gira y gira y sigue girando en torno a ella. Una mirada fija, lenta, conmovedora y ya mis labios se entreabren. Su mano muy delicadamente viaja hasta la mía mientras nos miramos, se entrelazan, se palpan con un sudor especial. Su nariz recorre mis mejillas, cierro los ojos. Estoy flotando en un hechizo de pasión.
8.5.06
relaciones
Nuestras relaciones son hilos que se mueven, se lían, se deslían, se juntan y se separan como telas compuestas, pero también se pueden cortar. Una vez cortadas se podrán volver a anudar, pero siempre persistirá un fatídico nudo que convivirá con ellas.
amor
El amor es como un río, por mucho que lo intentes frenar seguirá su curso.
7.5.06
cielo
De una parte, el mundo celeste, y de otra, otro mundo. La preciosidad del azul de nuestro cielo podría llegar a ser incomparable a otras bellezas, mas por ahora, por lo que conocemos, disfrutaremos de nuestro azul, negro, gris plata, naranja, rojizo o blanco y en cualquier caso espectacular y maravilloso cielo.
6.5.06
don
Poder dar o quitar la vida es más que una propiedad, es un don. Los seres inteligentes y fuertes, capaces de decidir sobre el presente y futuro de otros, deberían saber más que nadie las consecuencias de un mal uso de este poder. Hacer lo correcto es una virtud, así que cuando veas correr un bicho por la pared de tu casa modera tu fuerza, acuérdate de tu don y échalo vivo por la ventana.
mágica
Sólo hay un adjetivo: mágica. Como algunos pliegos de nubes, pero mucho más. No hay más palabras ni más comparaciones que llegan a ser absurdas. La magia la posee.
5.5.06
energía
Cuando golpeamos dos piedras fuertemente lo más normal es que generen una chispa: llamémoslo energía. Cualquier movimiento es energía, pero la hay positiva y negativa. Cuando dos energías positivas o buenas chocan lo más normal es que se deslíen y cada una emprenda y conduzca su propio camino. Pero del enfrentamiento entre dos fuerzas terriblemente destructoras siempre emanará un lazo de unión inseparable.
4.5.06
debilidad
Mi mente es débil. Se deshilvana a menudo. Por ti.
3.5.06
Prudencia
Si en verdad la prudencia vence a la violencia desde el mando de control de la bondad, hemos de reconocer que no sin ayuda de su amiga la náusea, a veces. Por eso digo que hay personas que se merecerían algo malo en esta vida.
Sueño
¿Qué es un sueño? Esto es un sueño. Soñemos, pues, y después hagámoslo realidad.
2.5.06
Amor
Cuando te busco te escondes en mi corazón y cuando te encuentro me desdibujo.
Sonrisa
Permaneces allí constantemente dando vueltas y vueltas y cuando parece que mi mente se olvida de tu existencia, tu sonrisa se entreabre como una flor.
1.5.06
Una mirada
Descubrir el secreto de la vida. Por qué nacemos, por qué estamos aquí, por qué nosotros, por qué no todos esos potenciales que pudieron haberse creado en vez de nosotros. Y por qué esos otros, y por qué no. Podríamos pensar que somos afortunados, que hemos sido nosotros los que hemos llegado hasta aquí y no otros, podríamos encomendarnos a la suerte. Y además podría tener sentido. Pero algo muy distinto y mucho más importante que el por qué es el para qué.
Desde que tenemos conciencia de lo que es la vida, para nosotros una carrera por conseguir una estabilidad sociolaboral y psicológica que nos han infundido, tendemos a caminar por una senda transitada por todos que desemboca en el mar, que, curiosamente, es el morir. Pues bien, todos llegaremos a ese mar sin conocer ese para qué hemos pasado por ese camino. O tal vez no.
Siddharta quiso buscar el arcano tan prohibido a nuestras mentes con tantas ocupaciones. Se escindió de ese camino y emprendió el suyo, en busca de la verdad, y finalmente la halló. De todo el enmarañado que nos rodea saca algo en claro, bondad y amor, amor y bondad. La alternancia de polos iguales y opuestos en todos los sentidos y rincones de la vida, desde la riqueza hasta la pobreza, desde la incapacidad hasta la capacidad, desde la fuerza hasta la debilidad, por ejemplo. Y se da cuenta de que todo es posible. De que el secreto de la vida puede estar en la cumbre inalcanzable o bajo nuestros pies en una minúscula parcela de tierra. De todos los aspectos que pueda tocar en su historia hay uno particularmente enaltecedor del amor: cada vez que miréis a quien amáis queriendo expresar ese sentimiento es mejor no hablar, no hay nada más puro que una mirada de amor y ese, ese y no otro, es el sentido de la vida. Cómo millones de células danzan en pos de un ardor interno que flota haciéndonos sentir bien, en el cielo, nuestra piel se estremece, miles de reacciones se apoderan de nuestros cuerpos y de nuevo nuestra mirada corona un sentimiento inexpresable. Quedémonos con eso.
"(...) Las palabras no expresan bien los pensamientos: en cuanto se pronuncia algo, ya cambia un poquito, se distorsiona, pierde sentido. Y también esto es bueno y me parece justo, que la sabiduría y tesoro de una persona parezca necedad y locura a otra. (...)"
Hermann Hesse Siddharta
Desde que tenemos conciencia de lo que es la vida, para nosotros una carrera por conseguir una estabilidad sociolaboral y psicológica que nos han infundido, tendemos a caminar por una senda transitada por todos que desemboca en el mar, que, curiosamente, es el morir. Pues bien, todos llegaremos a ese mar sin conocer ese para qué hemos pasado por ese camino. O tal vez no.
Siddharta quiso buscar el arcano tan prohibido a nuestras mentes con tantas ocupaciones. Se escindió de ese camino y emprendió el suyo, en busca de la verdad, y finalmente la halló. De todo el enmarañado que nos rodea saca algo en claro, bondad y amor, amor y bondad. La alternancia de polos iguales y opuestos en todos los sentidos y rincones de la vida, desde la riqueza hasta la pobreza, desde la incapacidad hasta la capacidad, desde la fuerza hasta la debilidad, por ejemplo. Y se da cuenta de que todo es posible. De que el secreto de la vida puede estar en la cumbre inalcanzable o bajo nuestros pies en una minúscula parcela de tierra. De todos los aspectos que pueda tocar en su historia hay uno particularmente enaltecedor del amor: cada vez que miréis a quien amáis queriendo expresar ese sentimiento es mejor no hablar, no hay nada más puro que una mirada de amor y ese, ese y no otro, es el sentido de la vida. Cómo millones de células danzan en pos de un ardor interno que flota haciéndonos sentir bien, en el cielo, nuestra piel se estremece, miles de reacciones se apoderan de nuestros cuerpos y de nuevo nuestra mirada corona un sentimiento inexpresable. Quedémonos con eso.
"(...) Las palabras no expresan bien los pensamientos: en cuanto se pronuncia algo, ya cambia un poquito, se distorsiona, pierde sentido. Y también esto es bueno y me parece justo, que la sabiduría y tesoro de una persona parezca necedad y locura a otra. (...)"
Hermann Hesse Siddharta
30.4.06
Hilo de vida
Si hoy vivo es porque tú estás ahí.
8.4.06
arte
Cada vez que la miro me asombro. Y jamás dejaré de asombrarme. De cada momento que gastamos en esta carrera mundanal hay varios que me apasionan, y todos están relacionados con el arte: arte es, por lo tanto, una gran sensación, impulsiva y franca, que irradia en nosotros ese momento de felicidad.
27.3.06
ella
Un soplo en el corazón, temblor en las manos, pies inquietos, cuello rígido, respiración corta y ella entra por mi mirada.
26.3.06
ganar o perder
En la vida ganamos, perdemos, ganamos, perdemos. Desde lo más ínfimo a lo más locuaz. Y desde bien pequeños nos han enseñado que en la vida se puede ganar todo porque tenemos tiempo para todo. Pero qué debacle. Cuántas chorradas nos cuentan siendo niños que como niños nos creemos. En esta vida podemos ganar dinero, un coche, un partido de fútbol, de baloncesto, un concurso literario, una quiniela, un set de lápices, una cesta de navidad, una borrachera, una galleta... podemos ganar infinitas cosas, cualquier material que os podáis imaginar, todo se puede ganar en esta vida, hasta un amor, ¡podemos ganar sentimientos!, los tesoros recónditos de este mundo que no se compran con dinero.
El otro lado de la moneda es que todo eso que hemos ganado se puede perder. Y lo bueno es que aunque lo hayamos perdido todo se puede volver a ganar excepto una ligera cosa que nos pesa: la confianza. Una vez que la pierdas, jamás la volverás a ganar.
El otro lado de la moneda es que todo eso que hemos ganado se puede perder. Y lo bueno es que aunque lo hayamos perdido todo se puede volver a ganar excepto una ligera cosa que nos pesa: la confianza. Una vez que la pierdas, jamás la volverás a ganar.
22.3.06
baile
Cuando caminamos bailamos. Y cuando bailamos estamos caminando, hacia adelante, hacia atrás, hacia allá, hacia acá. El secreto de todo es saber moverse. Hacia el lugar adecuado. En el momento adecuado. Todo gira acorde a una música. Y encontrar esa melodía que necesitamos en cada momento, ay, encontrarla es encontrar la felicidad.
19.3.06
tiempo
En menos del tiempo que tarda en caer una pluma al suelo se nos pasa la vida, con ella cae un siglo, y otro, y otro más hasta que descubrimos que no todo es perecedero.
14.3.06
y frío
Despunta el calor, acecha la duda, aclamada la distancia. Y de entre los ramajes de la vida aparece un rayo invisible que atraviesa unos corazones cargados de sentimientos y de historias inolvidables, aunque el frío venza al calor con su poderosa humedad entre otras vigorosas armas, y aunque la temperatura persista en ocasiones a seis grados -creo-, siempre habrá un hilo de calor que seguirá con luz para continuar su camino.
lie with me
Todo cambia. Las vidas de tres parejas normales. Desde el inicio, fortuito como él solo, hasta el clímax de boda y la separación, las más de las veces dentro del propio matrimonio, pero en esta ocasión no. Pésimo guión, no se dice nada a excepción de una voz narradora de la protagonista, pero a propósito inexplicable: la mayoría de las relaciones funcionan así: no diciéndose nada en el fondo o mintiéndose. Abundantes escenas de juegos sexuales de complicado rodaje, muy eróticas y con grandes dosis de eyaculaciones precoces, se abre ante nosotros una ventana hacia el deseo, materializado en una bella mujer de talla 36 y con una excepcional calidad de fotografía. Sobran escenas y falta sacar desarrollo al tema, que se explicita poco, y el tema no es el sexual precisamente. Ya puestos, se echa de menos una buena banda sonora.
amor
¿Qué pasaría si aun sin mirar y sin conocer el camino no te toparas con ningún muro? Que estarías enamorado.
13.3.06
reflexiones
Cuando su conciencia entró en contacto con las realidades del momento suspiró, dejó pasar un segundo, caminó hasta un abierto, se sentó y no tardó en gritar. Hay veces que hacemos lo que no pensamos, no podemos o no queremos, otras no lo hacemos, y me sorprenderán siempre la facilidad y la temeridad con las que cometemos actos que una vez razonados se caerían por su propio peso. Todo depende del momento idóneo, del control, de nuestros sentimientos, de nuestra vida. Reflexionar es de sabios, sí, pero las más de las veces se produce de forma tan y tan lenta que ese momento nos ha pasado por delante de nuestras narices y después nos preguntamos ¿habré obrado bien?
10.3.06
arma
Y de entre las dos armas que hay sobre la mesa, mente y cuchillo, cuchillo y mente, me quedo con la mente. Es cierto que es más débil, el cuchillo es fuerte y la fuerza ha sido, es y será el primer motor dominador del mundo. Pero ¿qué se me ocurriría hacer con el cuchillo sin ella? Hoy me apetece coger ese arma y cometer un crimen perfecto que sólo yo podré llegar a resolver, culpabilizar y, como siempre, autoindultar.
8.3.06
vida
Así como la tierna hoja que crece culmina en una caída donde la hojarasca se hace polvo, se hace nada, nuestras mentes siguen los mismos derroteros, mas siendo conscientes de que en alguna de esas etapas podrán crear nuevas vidas.
22.2.06
el beso
La primera vez, en mi mano. La segunda, en mi mejilla. La tercera, ay, la tercera debe ser en los labios, pero no. No existen reglas ni normas ni acuerdos ni desacuerdos formales o informales a causa de las envidias y las opresiones de la sociedad. La tercera vez, en el cuello. Nadie ha dicho que tengan que ser sólo tres veces, así que, por favor, ¡recórreme con tus labios!, sin contar las ocasiones.
descubrimiento
Y en la inmensidad de la nada, mientras aquellas partículas de aire le magullaban, descubrió. Todo era igual. Todo funcionaba bajo un código que nadie conocía y que todos creían conocer. La realidad de su lado se abrió y entró.
12.12.05
pena
Uno, dos, tres, y respiro. Mis labios se cierran, mi nariz se abre, aspira, retiene, sigue reteniendo, y finalmente libera. En cuarenta segundos se me han cruzado cientos de imágenes por la mente. Y, realmente, me siento más libre, aunque apenado por los ocupantes del md dc9.
30.9.05
aire
Se bifurca sobre nuestros rostros, penetra en los grandes abismos auditivos y corrige su trayectoria tras salvar los obstáculos, a cada paso, en cada rincón, para salir a cientos de kilómetros y viajar por la nada, uniforme, a una altura capaz de salvar montículos de arena, de campo, de vida. Mientras no se topa con vida o roca su velocidad acelera bruscamente, está llegando al mar. Sobrevuela el inmenso líquido que lo enfría y lo envuelve en una cortina de masa efímera para arrasar todo cuanto encuentra en la superficie del agua. Y tras recorrer ese horizonte azul ahí llega de color marrón negruzco, el aire se torna polvoriento y cambia el entorno, la horizontalidad deviene en verticalidad, y de ahí todo lo demás. Después es límpido, es tormenta, y su rastro es bochornoso. Hemos sobrevivido.
15.9.05
bien y mal
El bien y el mal van de la mano. Mientras uno mira para un lado el otro mira hacia el lado contrario. Y cuando se necesita a uno de ellos aparece el otro. Es como guerra y paz, como riqueza y pobreza, como John Lenon y un paupérrimo humano; pero resulta jodido cuando es como vida y muerte, y aun así van de la mano.
12.9.05
ídolo
Nunca he tenido ídolos. Siempre me han parecido pamplinas de panguatos, como cuando todo el mundo hace lo mismo. Algo parecido a cuando vas a parar el coche ante una línea de detención o detrás de otro porque hay caravana, allí todos hacen lo mismo, se pegan a la línea o al de delante, como los burros. Pues yo no, porque no me da la gana, me da igual avanzar un metro que tres, así que me espero hasta que no haya más que recorrer; y me pitan. Pues esto es igual, más o menos como las supernenas. Pues ahí va mi ex supernena y primera y penúltima: Rafa Nadal, porque sí aunque sea un chuleta pijotero, da gusto verle jugar. Y la última y más importante, Jesús Lapieza, comandante del vuelo JKK 5111 al frente de un b717, qué máquina, qué grande eres tío, eres mi ídolo ante las turbulencias, las tormentas y mis miedos. Un abrazo.
23.8.05
solidaridad
Una vez en el bosque la conciencia reñía con la inteligencia sobre qué hacer con un terrible dilema de un ser que al final terminaría en desgracia. La inteligencia quería haber aplicado la lógica para convencer a la conciencia: sólo si el individuo hacía eso se mantendría a salvo. Y pediría ayuda a la mayor de todas las aliadas que se pueden tener, la fuerza. Pero la conciencia se había obcecado en su razonamiento de vida: andar limpia de mancha ante y sobre los demás, y no dudó un instante en recurrir al miedo para contrarrestar a la fuerza, consiguiéndolo, y además a la compasión, y además también a la novata solidaridad. Y así fue cómo la liebre se apareció de entre las ramas ante el lobo quedándose quieta y siendo abatida por este mientras el cervatillo corría a salvo.
Sed solidarios.
Sed solidarios.
20.8.05
el cielo
A veces miramos el cielo y vemos lo que vemos, su inefable azul cargado de vida, su vespertina capa grisácea y su lado oscuro al caer la noche. Y algunos de nosotros ven algo más. Las religiones desde el inicio de nuestras vidas nos enseñan a acordarnos de algo divino mirándolo, incluso estando en lugar cerrado por la techumbre hay quienes alzan la vista hacia lo alto, hasta hay quienes levantan el culo. Supondremos que todo esto se hace por la creencia en la existencia de algún dios que al parecer tiene o tuvo morada en el alto mundo. No en vano se dice que en el reino de los cielos tralará tralará, luego hay un reino, hipotético, claro. De él habría venido el hijo de dios, según la tradición cristiana, y se habría asentado entre nosotros como sumo benefactor; para que nos entendamos, habría sido una labor de ONG por lo menos, pero más transparente seguro. Hasta ahí lo que sabemos que parece atestiguado sobre esta tradición, después un guirigay de novela de mil padres, en la que incluimos los textos apócrifos tan denostados por el interés -como todo-, que nos relata miles de cosas y ese sendero cargado de altibajos en la historia de su existencia como empresa vitalicia que ha sabido proseguir y ganarse a los fieles de una forma envidiable. Pues bien, de más o menos igual forma el resto de religiones han sabido prosperar con publicidad, comecocos y torturas particulares, según sus épocas, y todas ellas tienen repetidos personajes, historias y lo que es más importante y de interés ahora, una base común: y esta base, que es de lo que estamos hablando aunque me haya ido por las ramas, es el cielo en su sentido divino, porque todo ello proviene de allí.
De igual forma que los humanos han sabido utilizar para su potencial una maravilla impactante de la naturaleza como es el cielo, quizá otros seres de afuera han podido utilizarla también. Démonos cuenta de que el cielo que se abre sobre nuestros ojos es una puerta infinita hacia otros lugares insospechados. A través de esta puerta podríamos cruzar el umbral del planeta, de la galaxia y qué sé yo. Y de la misma manera otros seres que hayan poblado otros mundos han podido o pueden hacer lo mismo. Y quizá estos seres sean o hayan sido dioses, y nunca la desfachatez de hijos de dioses, porque el hecho de que hace dos mil años se pudiera pensar que fueran hijos de dioses es absurdo. Para las gentes de aquella época todo eso sería hazaña de dioses, ni más ni menos, lo que pasa es que hubo una panda de listos que idearon tamaña tontería para dejar libre el pensamiento de las personas sobre un dios sobrenatural, inalterado y por supuesto nunca visto. Todos verían a su hijo, fiel reflejo de él en este planeta, pero nunca a él, ya se encargarían varias generaciones venideras de conservar el espíritu de lo divino y la memoria falsa de su hijo, de la que no vamos a hablar porque trae también cuerda y quizá otro día digamos algo.
Es posible que haya dioses entre nosotros, seres como nosotros que hayan cruzado la puerta y estén aquí, y también es posible que seres más avanzados que nosotros estén llegando continuamente para observarnos, y si llegan han de ser más avanzados que nosotros por haber inventado maquinaria más perfecta y capaz de viajar de esa forma. Es posible incluso que esa puerta no haya sido franqueada nunca y el viaje yanqui a la luna haya sido rodado en Islandia, es posible que los dioses que han visto algunas personas sean extraterrestres, y es posible que todo en el fondo sea un mecanismo de control.
De todos los animales que pueblan este planeta el ser humano es el único que es capaz de destruir vida; sí, ya sé que el león se come a la gacela, pero come sólo porque tiene hambre, nunca por placer ni para acabar con la especie. En cambio los humanos somos destructivos por naturaleza y eso nos hace ser muy diferentes al resto de animales, con lo que una evolución de la especie procedente de un animal no parece muy cuerda ¿no? Ahora bien, hay testimonio científico de que fue así y no vamos a dudarlo, y además no nos compete así que no sé que hacemos hablando de eso. Retomemos: si el humano es capaz de destruir todo, ¿no será conveniente ejercer sobre él algún invento para tenerle controlado? Sí, claro, aquí arriba hay muchos centímetros cúbicos de capacidad, se pueden hacer muchas cosas, así que pensemos. Cuando en el campo hay exceso de insectos los humanos aplican una serie de insecticidas para llevarlos al fondo del huerto, no importa que luego dañen a otros humanos al comerse lo cultivado allí, el caso es producir. El caso es que eso es un mecanismo de control de la población de insectos, se los cargan y listos. Pues bien, para controlar al ser humano hay un invento infalible que hace dar vueltas al coco: el miedo a la muerte. ¿Quién sabe a ciencia cierta qué pasa después? Pues como lo único demostrado es que no pasa nada, confiemos en eso porque nadie ha escrito para contarlo. Aquí vendrían las parrafadas con las que podríamos llenar hojas y hojas de descripción de cómo fulanito tuvo una muerte temporal y experimentó cómo su cuerpo ascendía libre de peso hacia algún lugar de la mancha. Bueno, como no está demostrado nos callamos, y lo peor de todo es que creemos en ello.
Y qué mejor mecanismo de control de las personas que inventarnos que hay vida después de la muerte, y un cielo si eres bueno y un infierno si eres malo, y todo ello sumado a ciertas reglas de territorio compatibles con estos pensamientos del más allá. Es un filón. Es perfecto. Las personas viven dominadas por una irracional posesión divina, aunque sean malas se valen de una exculpación de gracia -a dios rogando y con...-, y de control sobre los demás. Y todo esto se esconde tras las garras de las religiones, las grandes perturbadoras de la vida, las enemigas del ser humano por sus guerras y las más sempiternas penas teatrales que conmueven el mundo. Y la pregunta sería muy interesante: ¿habríamos sido capaces de sobrevivir sin las religiones? No olvidemos nunca que la religión otorga un porqué en la vida del individuo y delimita el camino hacia mejor vida, y además y de suma importancia, no podemos olvidar el poder de destrucción del ser humano. ¿Serán dioses extraterrestres o terrenales?
De igual forma que los humanos han sabido utilizar para su potencial una maravilla impactante de la naturaleza como es el cielo, quizá otros seres de afuera han podido utilizarla también. Démonos cuenta de que el cielo que se abre sobre nuestros ojos es una puerta infinita hacia otros lugares insospechados. A través de esta puerta podríamos cruzar el umbral del planeta, de la galaxia y qué sé yo. Y de la misma manera otros seres que hayan poblado otros mundos han podido o pueden hacer lo mismo. Y quizá estos seres sean o hayan sido dioses, y nunca la desfachatez de hijos de dioses, porque el hecho de que hace dos mil años se pudiera pensar que fueran hijos de dioses es absurdo. Para las gentes de aquella época todo eso sería hazaña de dioses, ni más ni menos, lo que pasa es que hubo una panda de listos que idearon tamaña tontería para dejar libre el pensamiento de las personas sobre un dios sobrenatural, inalterado y por supuesto nunca visto. Todos verían a su hijo, fiel reflejo de él en este planeta, pero nunca a él, ya se encargarían varias generaciones venideras de conservar el espíritu de lo divino y la memoria falsa de su hijo, de la que no vamos a hablar porque trae también cuerda y quizá otro día digamos algo.
Es posible que haya dioses entre nosotros, seres como nosotros que hayan cruzado la puerta y estén aquí, y también es posible que seres más avanzados que nosotros estén llegando continuamente para observarnos, y si llegan han de ser más avanzados que nosotros por haber inventado maquinaria más perfecta y capaz de viajar de esa forma. Es posible incluso que esa puerta no haya sido franqueada nunca y el viaje yanqui a la luna haya sido rodado en Islandia, es posible que los dioses que han visto algunas personas sean extraterrestres, y es posible que todo en el fondo sea un mecanismo de control.
De todos los animales que pueblan este planeta el ser humano es el único que es capaz de destruir vida; sí, ya sé que el león se come a la gacela, pero come sólo porque tiene hambre, nunca por placer ni para acabar con la especie. En cambio los humanos somos destructivos por naturaleza y eso nos hace ser muy diferentes al resto de animales, con lo que una evolución de la especie procedente de un animal no parece muy cuerda ¿no? Ahora bien, hay testimonio científico de que fue así y no vamos a dudarlo, y además no nos compete así que no sé que hacemos hablando de eso. Retomemos: si el humano es capaz de destruir todo, ¿no será conveniente ejercer sobre él algún invento para tenerle controlado? Sí, claro, aquí arriba hay muchos centímetros cúbicos de capacidad, se pueden hacer muchas cosas, así que pensemos. Cuando en el campo hay exceso de insectos los humanos aplican una serie de insecticidas para llevarlos al fondo del huerto, no importa que luego dañen a otros humanos al comerse lo cultivado allí, el caso es producir. El caso es que eso es un mecanismo de control de la población de insectos, se los cargan y listos. Pues bien, para controlar al ser humano hay un invento infalible que hace dar vueltas al coco: el miedo a la muerte. ¿Quién sabe a ciencia cierta qué pasa después? Pues como lo único demostrado es que no pasa nada, confiemos en eso porque nadie ha escrito para contarlo. Aquí vendrían las parrafadas con las que podríamos llenar hojas y hojas de descripción de cómo fulanito tuvo una muerte temporal y experimentó cómo su cuerpo ascendía libre de peso hacia algún lugar de la mancha. Bueno, como no está demostrado nos callamos, y lo peor de todo es que creemos en ello.
Y qué mejor mecanismo de control de las personas que inventarnos que hay vida después de la muerte, y un cielo si eres bueno y un infierno si eres malo, y todo ello sumado a ciertas reglas de territorio compatibles con estos pensamientos del más allá. Es un filón. Es perfecto. Las personas viven dominadas por una irracional posesión divina, aunque sean malas se valen de una exculpación de gracia -a dios rogando y con...-, y de control sobre los demás. Y todo esto se esconde tras las garras de las religiones, las grandes perturbadoras de la vida, las enemigas del ser humano por sus guerras y las más sempiternas penas teatrales que conmueven el mundo. Y la pregunta sería muy interesante: ¿habríamos sido capaces de sobrevivir sin las religiones? No olvidemos nunca que la religión otorga un porqué en la vida del individuo y delimita el camino hacia mejor vida, y además y de suma importancia, no podemos olvidar el poder de destrucción del ser humano. ¿Serán dioses extraterrestres o terrenales?
17.8.05
horror
Cuando una de esas mentes sobrenaturales creó el horror lo primero que se le pasó por la cabeza fue la calma, después el desasosiego y por último la brillantez, agarró un alambre fino, largo y delicado y lo talló dándole una forma monstruosa. Le puso un par de dientes y lo llamó araña. Y, qué sarcástico, aquel horror resultó respetar la vida más que los seres como él y como esos a los que de igual forma hubo creado. Aquí vendría la pamplina de la costillita de no sé quién pero no, viene la teoría extraterrestre, quizá esos seres de mentes sobrenaturales hayan sido como nosotros, nos hayan modificado a su libre albedrío y en el fondo intervengan en ciertas acciones que podrían acabar con lo que hoy y de momento llamamos humanidad. Ciertas tragedias han tenido consecuencias repentinas, ¿preferimos creer en videntes psicólogos que se valen del azar y de su quehacer? ¿Por qué no porqué no? Soñemos.
16.8.05
Esperanza
Y en el filo del abismo imparable del precipicio, de la otra cara, de la del viento, y al ras de suelo en unas finísimas y largas hojas de plantas salvajes yacen unas uñas clavadas como estacas en el hormigón joven, raíces irrompibles que perduran pase lo que pase: las esperanzas. La maldad las puso ahí creyendo que caerían, queriendo que desaparecieran por siempre, y no, pues, las más de las veces, son buenas. Y nunca se dejarán abatir. Hasta que un día las libere alguien con el poder necesario.
15.8.05
Sin saber qué realmente pasó, lloramos. Por las víctimas del vuelo HCY 522 de Helios Airways, ese ínfimo numerito es lo que pone en los billetes de avión cuando te los dan y los entregas al subir, y qué ínfimo, y qué triste, y todo, sin saber lo que realmente pasó, y ni mucho menos, por qué tuvo que pasar.
final
Y si en los albores de la vida un padre abraza a su hijo tras su alumbramiento, en el ocaso de ella se abrazan juntos dando relevo a una vida que muere impasible.
Las nociones nos vencen, las excepciones también. Pero así como lo común nos marca algo desde lejos, de igual forma lo excepcional nos posee desde cerca.
Ayer en algún punto, en algún mundo, en uno de esos lugares en los que en cada momento está pasando algo y nos lo perdemos continuamente, en uno de tantos lugares donde pasan cosas, es decir a un centímetro más allá de donde me encuentro situado, incluso a pequeña escala y sin avanzar tanto sobre mi propia piel desde el gesto de algún microorganismo con vida, pasó lo común en el relevo. Un padre muere y es abrazado por su hijo, se despiden y una tormenta de lágrimas confirma el aforismo, comienza un huracán interior llamado dolor y pena, pena y dolor, sus nombres se intercambian segundo tras segundo mientras el alcohol amable hace su efecto.
Y yo no lloro, medito desde arriba, desde esa posición privilegiada que tienen los dioses pero sin sus facultades, por desgracia.
Observo.
Supongo que es ley de vida, que hay cosas que o se aceptan o se aceptan. Nadie puede imaginar cuál era la pena tranquila de ese chico, sólo él, sólo sus latidos, sus imágenes mentales de una vida que lo fue en sus días permaneciendo muy cerca de él en tantos momentos. Y quizá en el fondo de todo, y viendo lo cruel que puede llegar a ser la vida, y lo mala que puede ser la supervivencia disfrazada de manto social guay que conocemos, digamos que qué suerte. No por ver morir a su padre, no pretendo trasladar el horror de sus ojos y ni mucho menos describiré más sus gestos, sino por la situación, por la vejez, por el relevo. Hay muertes más dolorosas, repentinas, sin tiempo de despedirse y sin saber si habrá reencuentro, todos en el fondo damos por hecho que no. Y en esta queda implícito un relevo, una pena que se torna en alegría al comprenderlo, y no al digerirlo que nunca se hará en realidad. En ese relevo pervive la vida, y la vida queda viva, y se manifiesta en él, en su hijo. Suerte y ánimo. Los vientos hoy soplan poco, las lágrimas los han inundado. Una mirada y un mundo que ocurren en uno de tantos mundos que se extienden a cada paso. Vivamos nuestro propio mundo sin maldades, sin complejos, sin dudas.
Las nociones nos vencen, las excepciones también. Pero así como lo común nos marca algo desde lejos, de igual forma lo excepcional nos posee desde cerca.
Ayer en algún punto, en algún mundo, en uno de esos lugares en los que en cada momento está pasando algo y nos lo perdemos continuamente, en uno de tantos lugares donde pasan cosas, es decir a un centímetro más allá de donde me encuentro situado, incluso a pequeña escala y sin avanzar tanto sobre mi propia piel desde el gesto de algún microorganismo con vida, pasó lo común en el relevo. Un padre muere y es abrazado por su hijo, se despiden y una tormenta de lágrimas confirma el aforismo, comienza un huracán interior llamado dolor y pena, pena y dolor, sus nombres se intercambian segundo tras segundo mientras el alcohol amable hace su efecto.
Y yo no lloro, medito desde arriba, desde esa posición privilegiada que tienen los dioses pero sin sus facultades, por desgracia.
Observo.
Supongo que es ley de vida, que hay cosas que o se aceptan o se aceptan. Nadie puede imaginar cuál era la pena tranquila de ese chico, sólo él, sólo sus latidos, sus imágenes mentales de una vida que lo fue en sus días permaneciendo muy cerca de él en tantos momentos. Y quizá en el fondo de todo, y viendo lo cruel que puede llegar a ser la vida, y lo mala que puede ser la supervivencia disfrazada de manto social guay que conocemos, digamos que qué suerte. No por ver morir a su padre, no pretendo trasladar el horror de sus ojos y ni mucho menos describiré más sus gestos, sino por la situación, por la vejez, por el relevo. Hay muertes más dolorosas, repentinas, sin tiempo de despedirse y sin saber si habrá reencuentro, todos en el fondo damos por hecho que no. Y en esta queda implícito un relevo, una pena que se torna en alegría al comprenderlo, y no al digerirlo que nunca se hará en realidad. En ese relevo pervive la vida, y la vida queda viva, y se manifiesta en él, en su hijo. Suerte y ánimo. Los vientos hoy soplan poco, las lágrimas los han inundado. Una mirada y un mundo que ocurren en uno de tantos mundos que se extienden a cada paso. Vivamos nuestro propio mundo sin maldades, sin complejos, sin dudas.
20.5.05
Consejos para llevar una vida de color amarillo
Consejos para llevar una vida de color amarillo pelota de tenis: bueno, ejem, perdón por el inciso, pero quien bien conoce este deporte sabrá que dichas pelotas según su marca tienen un tono distinto, más o menos fuerte... en fin, botemos todos al unísono. Consejo número uno: no sé. Nadie puede aconsejar nada en esta vida, todo está hecho al revés, no se entiende nada, todo está por hacer pese a que tanta gente se empeñe en hacernos creer que todo está inventado. Consejo número dos: teniendo en cuenta lo anterior expuesto, qué más podemos añadir, pues que en la arena, asfalto, selva, desierto o pasto flamígero hay solipsismo, el mundo está lleno de solipsismo. He dicho.
24.2.05
Raquelita
Hoy renace el sol. No es de extrañar que esa mujer cantara. En un autobús, con una voz privilegiada, unos toques orientales de música relajante para el cuerpo. Y no es de extrañar. Hoy, secando nieve y penas, el sol vuelve a salir para brindar vida en posteriores días, para llegar al corazón de quienes más lo necesitan. Y hay una enviada de las estrellas hacia un hospital de Madrid donde hay una niña muriéndose. Para curarla.
No puede ser casualidad que de tanta concentración renazca vida. Raquel es una niña de cuatro años diagnosticada de varios tumores entre los que cabe destacar el cerebral y el pulmonar. Ha sido ya muchas veces operada y parece que los pronósticos médicos no son buenos, algo que su madre no asimila. Me hubiese gustado ver ayer sus ojos al despuntar esas pestañitas el día nevado tras los cristales del hospital. Esos ojos llenos de vitalidad y energía, de ganas de vivir. Hoy sale el sol para ti, hoy más que nunca, para mandarte luz y vida a través de unas estrellas de magia que te van a dar vida, una vida plena. Ese es tu camino. Y sin saberlo, estarás mejor. No es de extrañar que haga este tiempo, no es de extrañar que Raquel sea una niña mágica, una niña a quien otra niña va a entregar unas estrellas. Y no todo el mundo tiene una estrella al alcance de su mano. Tú tendrás dieciocho nada más y nada menos, más que suficientes para mejorar y que vuelvas pronto a tu colegio a jugar con tus amigos, más que suficientes para que vivas, para que sonrías, para que seas especial.
Nada ha sido casualidad. Desde el anuncio de la música por el aire que nadie entendía sobre la rutina diaria del trabajo y de lo cotidiano hasta la nieve y el renacer de la vida, de la luz. Y no es de extrañar que hubiera sido anteayer cuando hubiera empezado a pensar contigo qué te pasa. Y que hoy, al fin y con todo preparado, tengas a tu enviada para entregarte las estrellas, nadie mejor que ella podría hacerlo, nadie mejor que ella podría hacer algo así. Porque ella es mágica y te está haciendo mágica a ti en este preciso momento.
Suerte Raquelita.
No puede ser casualidad que de tanta concentración renazca vida. Raquel es una niña de cuatro años diagnosticada de varios tumores entre los que cabe destacar el cerebral y el pulmonar. Ha sido ya muchas veces operada y parece que los pronósticos médicos no son buenos, algo que su madre no asimila. Me hubiese gustado ver ayer sus ojos al despuntar esas pestañitas el día nevado tras los cristales del hospital. Esos ojos llenos de vitalidad y energía, de ganas de vivir. Hoy sale el sol para ti, hoy más que nunca, para mandarte luz y vida a través de unas estrellas de magia que te van a dar vida, una vida plena. Ese es tu camino. Y sin saberlo, estarás mejor. No es de extrañar que haga este tiempo, no es de extrañar que Raquel sea una niña mágica, una niña a quien otra niña va a entregar unas estrellas. Y no todo el mundo tiene una estrella al alcance de su mano. Tú tendrás dieciocho nada más y nada menos, más que suficientes para mejorar y que vuelvas pronto a tu colegio a jugar con tus amigos, más que suficientes para que vivas, para que sonrías, para que seas especial.
Nada ha sido casualidad. Desde el anuncio de la música por el aire que nadie entendía sobre la rutina diaria del trabajo y de lo cotidiano hasta la nieve y el renacer de la vida, de la luz. Y no es de extrañar que hubiera sido anteayer cuando hubiera empezado a pensar contigo qué te pasa. Y que hoy, al fin y con todo preparado, tengas a tu enviada para entregarte las estrellas, nadie mejor que ella podría hacerlo, nadie mejor que ella podría hacer algo así. Porque ella es mágica y te está haciendo mágica a ti en este preciso momento.
Suerte Raquelita.
19.2.05
tú
Allí donde nace tu sonrisa existe un tesoro. Algo parecido a una nube blanca sobre fondo azul que concluye en una línea tan delgada a mi vista que apenas la aprecio. Y al final de esa línea, tú.
8.2.05
oído
Suave. A pecho frío. Todas las sesiones solían ser las mismas. El calor resbala por su cuerpo, su estancia, las bimembraciones me tienen loco, enfermo tal vez, y otra más. El aire llega frío, se entromete por entre la nada por unos conductos en los que se expande y todo deviene en el sonido porque se hace audible, claro. Y ese sonido que penetra por unos oídos ya romos se torna fuerte, cada vez más fuerte a los carcomidos flancos de los caminos de mi audición. De un lado el hastío y de otro, ahí te quiero ver con una débil sonrisa pero convincente, ya ves, de otro el amor.
27.1.05
Raro
Un día raro. ¿Amargo? No, no si estás ahí. El aire soplaba hiriendo párpados, las manos quedaban inútiles y la máquina se aceleraba irremediablemente en sus funciones de calentar la superficie epitelial. Qué cosas. Siempre hay un exterior y un interior que son radicalmente opuestos. Diferentes como un interior y un exterior. Poco frecuentes. Raros como un exterior y un interior, interior exterior, exterior e interior, y vamos a dejarlo ya. Todos tenemos ese interior y ese exterior. Y todo también lo tiene. No es que sea por nada, es que tiene que ser así, y es así, no vamos a cambiarlo nosotros por ahora. Pero me refiero a ese interior y exterior de una persona. Qué raro. Qué día más raro. No sé si será amargo, y seguramente no lo sea. De hecho no lo es porque siempre estás, siempre das calor a ese exterior y a este interior que se siente raro. ¿Amargo? No. Sólo un poco frío, treinta y siete grados por debajo de lo suyo.
24.1.05
Morior III
Alfonso se estaba muriendo. No sabía por qué se miró en aquel espejo. Una tarde pasó en el bosque, junto al río, junto a un espejo roto que encontró por el camino. Dudó de su valía, lo quiso tirar. Pero no, no lo tiró. Lo llevó al río y con la cara bien limpia en agua mágica, Alfonso se miró. Todo él brilló. Rayó la luz la densa estepa verde que cubría su aura encantada. Alfonso estaba dejando de ser Alfonso. Él siempre quiso soñar con una vida mejor, con una vida en la que pudiera volar, en la que pudiera saltar de esta tierra que pisaba con su mente tan lábil. Él quería ser el gran mar, no charco del desierto, no fuente cristalina. Su pasión era el mar. Aquel día el espejo se le cayó. Asombrado de lo que veía, Alfonso descubrió su verdadero poder. Creyó que no era humano. Creyó que era un ser celestial, que volaría, que sería capaz de nadar, nadar tanto hasta fundirse con el gran mar. Aquel día el espejo se le quedó allí. Regresó y soñó con todo lo que haría cuando fuese mar, cuando tocase la tierra y el cielo con la misma mano, cuando arrastrara todo el agua para bañarse en las altas cumbres. Pensó y no tardó en darse cuenta de que no era él. Oía ruidos por todas partes. Oía voces. Oía el viento pasar aquí y allá, las corrientes se fundían en torno a sus alas. Paseaba entre nubes de algodón fino y suave, paseaba entre los rayos brillantes de ese sol que le iluminaba los ojos y le mostraba el camino adonde ir. Cuanto más pensaba en su vida, en sus deseos de ser océano, de ser aire, más se daba cuenta de que no era él. Alfonso no se veía, ¡increíble! Se desvanecía toda aquella seguridad que antaño le perteneció. Desaparecía del aire para adentrarse en su sueño, en el gran mar. Perdió el control de sí mismo. No podía distinguir tanto cielo entre tanto mar. Y la confusión se apoderó de él. Porque Alfonso no sabía lo que hacía. Era dirigido por alguien. Era dirigido por algo que no encajaba. Por algo que ya no podía mandar ni en él ni en sus pensamientos. Sentía cómo pasaba la brisa marina por la superficie celestial de aquellos magníficos lugares. Y todavía podía sentir eso, tan importante para él. Creyó que su sueño se había cumplido. Pero Alfonso no era libre. No podía hacer lo que quería. Cuando quería detenerse en alguna parte, la deriva lo arrastraba. Cuando intentaba tocar sus tesoros no podía tocarlos. Y entonces supo que no quería eso. Que dejaba todas las preciosidades de este mundo al mando de otro porque su poder era mínimo. Alguien lo controlaba con un mando como el que Alfonso quería tener. Y cuantas más preguntas hacía al fuerte viento del ya atardecer, más se daba cuenta de que ese mando estaba roto, de que lo había hecho sin querer, junto al río mágico. Comenzó a divagar sobre sí mismo en tanto que oscurecía el sueño de la magia. El sueño de ese azul maravilloso a la luz y negro a la sombra. Alfonso caía. Comprendió su noviciado a otro mundo. Y cuando ya todas sus ideas sobre el bien -con el mal- se apoderaron de él, su visión se tornaba poco a poco borrosa, su escucha poco audible y su mente casi blanca, como si un muro de yeso le hubiera privado de su sueño, de su amor, de su vida.
Néstor Loí 8-10-98
Néstor Loí 8-10-98
Estudios sobre sexo
A pesar de que en el fondo piense que interiormente cada cual tira piedras hacia su propio tejado, Shere Hite no deja de predicar verdades, un tanto escuetas pero inéditas si tenemos en cuenta los estudios desarrollados tan escasos y más allá de eso y más importante, ay, de nuestra propia experiencia. Un premio nobel habría que haberle concedido a Kinsey por investigar algo tan simple y nuestro como las reacciones y placeres de nuestro propio cuerpo, y tan vetado por los que afirman mantener sus ideas, sus esencias y sus cánones que no son más que antiguallas con harapos hartos de pan, vino, sexo y demás olores ocasionados por poluciones nocturnas y diurnas. Un estudio puede ser objeto de un par de tipos de crítica: positiva o negativa. Mientras nuestra opinión sea la de la incredulidad de dicho estudio a nivel general permaneceremos equivocados, pues los datos que se desprenden del informe Kinsey son más o menos lo que cabríamos esperarnos, aunque duelan, y aunque haya personas que lo tachen de exagerado o de ridículo podemos hablar de que se trata de un estudio de rigor serio, aunque fueran encuestas se trató personalmente a cada participante, y todos ellos quedaron recogidos debidamente; no fue una mera encuesta, fue un estudio psicológico y sexual, a pesar de que no fuera sexológico. Las personas que opinen que su estudio no goza de rigor científico estarán equivocadas, pues por aquel entonces -y estamos hablando de que el estudio se llevó a cabo desde el 38 hasta el 63- las limitaciones científicas para tratar de esclarecer este tema eran superiores a las de ahora, en otras palabras, las mentes cerradas estaban más cerradas que hoy, y la iglesia tenía más poder. Alfred Kinsey y sus colaboradores, conscientes de lo poco que se conocían las conductas sexuales en las personas, desarrollaron el programa que encuestó a 18.000 personas con el objetivo de obtener datos fiables sobre las conductas sexuales habituales, de forma psicológica.
El resultado más o menos es:
-masturbación 62% de las mujeres
-experiencia homosexual 37% de los hombres
Tras Freud fue Havelock Ellis quien desarrolló un complejo y gran estudio llamado Studies in the psychology of sex, que algún día habremos de leer: para él la masturbación es frecuente en ambos sexos y no necesariamente mala, y la ausencia de apetencias sexuales en la mujer decente es un mito, y la causa de dicho trastorno sexual es de origen psicológico y no orgánico; decir todo esto a principios de siglo era motivo de enfrentamientos con quienes defendían lo contrario, lo rebuscado y lo infame, con quienes pretendían y pretenden disfrazar la realidad.
Masters y Johnson, este médico y esta psicóloga, pese a estudiar las reacciones orgásmicas de unas 700 personas y analizar más de 10000 ciclos de respuesta sexual evaluando las respuestas vaginales durante distintas fases con un instrumental que posibilitaba medir la respuesta cardiaca y la tensión muscular, estoy convencido de que el empuje a evaluar el por qué del silencio social ante estos temas les llevó a dar a conocer lo que experimentaban ellos en su propio sexo lleno de amor y pasión. Se conocieron en la facultad, en un entorno prohibido, y de ahí que quisieran analizar qué pasaba con el resto. Su trabajo, Human sexual response, lo recomiendo.
Y por último los informes Hite, un cuestionario de unas 3000 mujeres y 7000 hombres donde se analizan las conductas y actividades sexuales, menos fiable que los anteriores, por supuesto.
Las conclusiones que tengamos siempre serán subjetivas, pero debemos intentar hacer algo para que los temas tabúes como este y tantos otros sean llevados al puesto que merecen: el sexo es nuestro, y también el sexo de nuestra pareja si la tenemos, el de nuestros amigos, el de los vecinos, el de los clientes, el de los curas (el que no sea reprobable, claro)... todos esos sexos son independientes de los de los demás, el sexo es infinito, siempre es infinito, y no por ello es malo como muchas personas predican, y no por ello es malo como muchas personas envidian. Bien, esto no es una clase de sexo que bien me habría encantado tener en el instituto, sino una oda al placer, una reflexión sobre el sexo propiciado por el texto de una eminencia en el mundo de la sexualidad literaria, y si dicho escrito trata de la masturbación, es un honor hablar bien de tal acto, puesto que es un acto muy nuestro, de cada uno, a pesar de que se pueda practicarlo con otras personas el grado máximo siempre se alcanza con uno mismo, todos lo sabemos. Es algo natural.
¿Vivir para amar o amar para vivir? Uy, por hoy me voy a la cama. Mejor.
Besos, hoy más que nunca y por siempre.
El resultado más o menos es:
-masturbación 62% de las mujeres
-experiencia homosexual 37% de los hombres
Tras Freud fue Havelock Ellis quien desarrolló un complejo y gran estudio llamado Studies in the psychology of sex, que algún día habremos de leer: para él la masturbación es frecuente en ambos sexos y no necesariamente mala, y la ausencia de apetencias sexuales en la mujer decente es un mito, y la causa de dicho trastorno sexual es de origen psicológico y no orgánico; decir todo esto a principios de siglo era motivo de enfrentamientos con quienes defendían lo contrario, lo rebuscado y lo infame, con quienes pretendían y pretenden disfrazar la realidad.
Masters y Johnson, este médico y esta psicóloga, pese a estudiar las reacciones orgásmicas de unas 700 personas y analizar más de 10000 ciclos de respuesta sexual evaluando las respuestas vaginales durante distintas fases con un instrumental que posibilitaba medir la respuesta cardiaca y la tensión muscular, estoy convencido de que el empuje a evaluar el por qué del silencio social ante estos temas les llevó a dar a conocer lo que experimentaban ellos en su propio sexo lleno de amor y pasión. Se conocieron en la facultad, en un entorno prohibido, y de ahí que quisieran analizar qué pasaba con el resto. Su trabajo, Human sexual response, lo recomiendo.
Y por último los informes Hite, un cuestionario de unas 3000 mujeres y 7000 hombres donde se analizan las conductas y actividades sexuales, menos fiable que los anteriores, por supuesto.
Las conclusiones que tengamos siempre serán subjetivas, pero debemos intentar hacer algo para que los temas tabúes como este y tantos otros sean llevados al puesto que merecen: el sexo es nuestro, y también el sexo de nuestra pareja si la tenemos, el de nuestros amigos, el de los vecinos, el de los clientes, el de los curas (el que no sea reprobable, claro)... todos esos sexos son independientes de los de los demás, el sexo es infinito, siempre es infinito, y no por ello es malo como muchas personas predican, y no por ello es malo como muchas personas envidian. Bien, esto no es una clase de sexo que bien me habría encantado tener en el instituto, sino una oda al placer, una reflexión sobre el sexo propiciado por el texto de una eminencia en el mundo de la sexualidad literaria, y si dicho escrito trata de la masturbación, es un honor hablar bien de tal acto, puesto que es un acto muy nuestro, de cada uno, a pesar de que se pueda practicarlo con otras personas el grado máximo siempre se alcanza con uno mismo, todos lo sabemos. Es algo natural.
¿Vivir para amar o amar para vivir? Uy, por hoy me voy a la cama. Mejor.
Besos, hoy más que nunca y por siempre.
20.1.05
Recuerdo
Y al final desde lo alto de la montaña se vieron unas luces que le recordaban al pasado, a la vida entera de alguien que había vivido allí, extraño, sin maldad, sin nada tangible, tan sólo sueños. Sueños de vida en vida de sueños. Y tras el resplandor del alba, la luz jamás desapareció ni en su vida ni en sus sueños.
11.1.05
(...) y una nube rodeaba su cuerpo con fuego, el fuego del deseo, del placer, del abismo insaciable de lo desconocido, llegaba a ser franqueable, se asomaba al otro lado, de hecho manejaba el otro lado a su albedrío, el oscuro de sus intenciones, el ardor de sus labios. Podría pasar sin problemas, vivir hasta ni sabía cuánto algo nuevo, distinto, desconocido. Rompería con su hábito, con el arcén de su fuego, con su voz, su mirada, su piel escurridiza, sus ganas de huir del mundo, del otro. ¿Qué haría? Su decisión le marcaría, sus ganas de escapar le levantaban. Pero su corazón se impuso. Entre llamas una mano femenina se alzaba en señal de ansia por querer cruzarlo, y sin embargo otra sobre su cuerpo le incitaba a quitarse la vida repentinamente por el sufrimiento. De la nada y resplandeciente de luz se alzó por encima del círculo poco a poco hasta divisar por completo el otro lado, y voló en dirección al único deseo que ya poseía por naturaleza propia: su vida. (...)
6.1.05
Por qué
¿Por qué por qué? Me pregunté esto porque quería saber el porqué del por qué, y llegué a la conclusión de que de no ser por que lo pensara no hubiera sido jamás un porqué.
5.1.05
Santa Claus
Acababa de entrar el invierno en el pueblo. El mar calaba las zapatillas de Miguel con un agua fría lacerante. Estornudó varias veces después de quitárselas junto al brasero, una vez en casa y con la malla de pescados a medio llenar. Su padre le había dicho que el día siguiente habría regalos, tendría uno sobre la ceniza de la chimenea una vez que lo hubiese arrojado alguien, un amigo de todos los niños a quien nunca había visto y que por las noches de navidad sonreía a todos con un regalo.
Pero él no deseaba ningún regalo, ningún juguete, se acordaba de su madre y anhelaba en todo momento estar con ella. Cada vez que le preguntaba a su padre por ella siempre le contestaba lo mismo y no de buenas maneras, un ya volverá que sonaba demasiado bruto como para ser real a la percepción de un niño. Muchas veces Miguel solía llorar en lo alto del acantilado del pueblo, al pie del faro. Se sentaba en una roca admirando el infinito del agua a sus pies y lloraba porque no sabía qué sería de su madre. Siempre recordaba de ella un beso en la frente al dormirse, aquel beso tranquilizador, sin miedos, sin prisas, sin engaños. Y un día todo había cambiado de repente, su madre se fue o eso es lo que le decía su padre, se fue porque estaba loca.
Aquella noche Miguel soñó que volaría en un carro sin ruedas y sobre dos barras verticales deslizantes, una a cada lado. Las riendas estarían tomadas por un hombre con una gran barba blanca y un traje rojo forrado en su interior con borreguillo blanco. Y el trineo, que así lo llamaba Santa Claus, sería remolcado por la fuerza de dos sonrientes arces alados. Juntos sobrevolarían los cielos de todo el mundo a una velocidad tan grande como las distintas aldeas que visitaban. Cada vez que salieran de una de ellas el trineo estaría vacío completamente, y, con un toque de ilusión y unas curiosas risas este señor conseguiría que se volviera a llenar de regalos como por arte de magia. Cada vez, a cada paso que andarían juntos Santa Claus le hablaría más y más, le contaría más historias, sobre las personas, sobre los peces, sobre la vida. Todo ello rodeados los dos de un aura especial que sólo la imaginación podía entender. Recorrerían tierras inimaginadas en las que un regalo para un niño sería un plato de comida, y es que en más de la mitad de los pueblos encontrarían que el hambre vencía a las personas, niños sin nada, personas sin hogar, y ahí, en ese trasiego, sería donde Santa Claus le contaría a Miguel el porqué del mundo y de su existencia.
A la mañana siguiente encontró un recipiente de cristal lleno de agua sobre las cenizas de la chimenea. En su interior desfilaba un pez de colores desconocido para él que le escudriñaba al mismo tiempo que agitaba deprisa su cola para cambiarse de lado. Es tu regalo, le dijo su padre, vigilante detrás de la puerta para ver la impresión que hacía en el pequeño. Gracias, contestó, mientras caminaba con la pecera en brazos hacia su cama. Aquel pez le estaba enseñando mucho, le enseñaba a enfrentarse a la soledad, a la realidad, siempre con un toque de lástima, aquel toque del que le había hablado Santa Claus y que no todo el mundo podría entender. Ese pez había sido sacado por la fuerza del seno de su familia, de los suyos, sin un por qué justo.
Pensó en todo lo que le había contado el señor Santa Claus, todo era posible si uno lo deseaba, todo, hasta llenar el trineo de juguetes, de utensilios, de comida que dar a los demás. Todo en este mundo era ilusión, espera, calma, alegría o tristeza. Todo podría llegar, todo podría pasar.
La última vez que la vio fue con heridas y moratones en la cara. Me he caído, hijo, y me he hecho mucho daño, ¿vas a cuidar de mamá? Mientras hablaba lloraba profundamente, Miguel recordaba demasiados gritos en su casa, demasiadas escenas que le daban pena y ganas de llorar, se encerraba en su caparazón del acantilado. Y a la mañana siguiente, bien temprano, su padre le obligaba a salir a faenar para aprender el duro oficio.
Pero aquella navidad no fue como todas las demás. Se acordó de Santa Claus de nuevo, siempre le tenía en mente, inundó de esperanza su futuro, se vistió rápido para subir al acantilado y dejar libre al pez en el agua esperando que encontrara rápido a su familia y mientras se empapaba con la lluvia que apenas le dejaba abrir los ojos dirigió su mirada a los pies del precipicio, comprobando que no muy lejos de donde había caído su pez de colores se encontraba una barca con una persona dentro. Rápidamente, con el corazón saliente, con la sonrisa en la cara repleta de lágrimas y lejos, muy lejos de la lluvia, echó a correr por el camino de bajada hasta llegar a la orilla donde la barca se encontraba atracada y su madre con los brazos abiertos le esperaba. Juntos navegaron acariciados mientras Miguel recibía sus flamantes besos, sus regalos de infancia que tantos y tantos días le hacían dormir. Y durmió dando las gracias a Santa Claus.
Pero él no deseaba ningún regalo, ningún juguete, se acordaba de su madre y anhelaba en todo momento estar con ella. Cada vez que le preguntaba a su padre por ella siempre le contestaba lo mismo y no de buenas maneras, un ya volverá que sonaba demasiado bruto como para ser real a la percepción de un niño. Muchas veces Miguel solía llorar en lo alto del acantilado del pueblo, al pie del faro. Se sentaba en una roca admirando el infinito del agua a sus pies y lloraba porque no sabía qué sería de su madre. Siempre recordaba de ella un beso en la frente al dormirse, aquel beso tranquilizador, sin miedos, sin prisas, sin engaños. Y un día todo había cambiado de repente, su madre se fue o eso es lo que le decía su padre, se fue porque estaba loca.
Aquella noche Miguel soñó que volaría en un carro sin ruedas y sobre dos barras verticales deslizantes, una a cada lado. Las riendas estarían tomadas por un hombre con una gran barba blanca y un traje rojo forrado en su interior con borreguillo blanco. Y el trineo, que así lo llamaba Santa Claus, sería remolcado por la fuerza de dos sonrientes arces alados. Juntos sobrevolarían los cielos de todo el mundo a una velocidad tan grande como las distintas aldeas que visitaban. Cada vez que salieran de una de ellas el trineo estaría vacío completamente, y, con un toque de ilusión y unas curiosas risas este señor conseguiría que se volviera a llenar de regalos como por arte de magia. Cada vez, a cada paso que andarían juntos Santa Claus le hablaría más y más, le contaría más historias, sobre las personas, sobre los peces, sobre la vida. Todo ello rodeados los dos de un aura especial que sólo la imaginación podía entender. Recorrerían tierras inimaginadas en las que un regalo para un niño sería un plato de comida, y es que en más de la mitad de los pueblos encontrarían que el hambre vencía a las personas, niños sin nada, personas sin hogar, y ahí, en ese trasiego, sería donde Santa Claus le contaría a Miguel el porqué del mundo y de su existencia.
A la mañana siguiente encontró un recipiente de cristal lleno de agua sobre las cenizas de la chimenea. En su interior desfilaba un pez de colores desconocido para él que le escudriñaba al mismo tiempo que agitaba deprisa su cola para cambiarse de lado. Es tu regalo, le dijo su padre, vigilante detrás de la puerta para ver la impresión que hacía en el pequeño. Gracias, contestó, mientras caminaba con la pecera en brazos hacia su cama. Aquel pez le estaba enseñando mucho, le enseñaba a enfrentarse a la soledad, a la realidad, siempre con un toque de lástima, aquel toque del que le había hablado Santa Claus y que no todo el mundo podría entender. Ese pez había sido sacado por la fuerza del seno de su familia, de los suyos, sin un por qué justo.
Pensó en todo lo que le había contado el señor Santa Claus, todo era posible si uno lo deseaba, todo, hasta llenar el trineo de juguetes, de utensilios, de comida que dar a los demás. Todo en este mundo era ilusión, espera, calma, alegría o tristeza. Todo podría llegar, todo podría pasar.
La última vez que la vio fue con heridas y moratones en la cara. Me he caído, hijo, y me he hecho mucho daño, ¿vas a cuidar de mamá? Mientras hablaba lloraba profundamente, Miguel recordaba demasiados gritos en su casa, demasiadas escenas que le daban pena y ganas de llorar, se encerraba en su caparazón del acantilado. Y a la mañana siguiente, bien temprano, su padre le obligaba a salir a faenar para aprender el duro oficio.
Pero aquella navidad no fue como todas las demás. Se acordó de Santa Claus de nuevo, siempre le tenía en mente, inundó de esperanza su futuro, se vistió rápido para subir al acantilado y dejar libre al pez en el agua esperando que encontrara rápido a su familia y mientras se empapaba con la lluvia que apenas le dejaba abrir los ojos dirigió su mirada a los pies del precipicio, comprobando que no muy lejos de donde había caído su pez de colores se encontraba una barca con una persona dentro. Rápidamente, con el corazón saliente, con la sonrisa en la cara repleta de lágrimas y lejos, muy lejos de la lluvia, echó a correr por el camino de bajada hasta llegar a la orilla donde la barca se encontraba atracada y su madre con los brazos abiertos le esperaba. Juntos navegaron acariciados mientras Miguel recibía sus flamantes besos, sus regalos de infancia que tantos y tantos días le hacían dormir. Y durmió dando las gracias a Santa Claus.
3.1.05
Feliz año
Soltemos lastres y admiremos el cielo
echemos a andar hacia el azul, allende
el mar con un pez saltando bajo mi mano
allí donde mi corazón late sin prisa.
echemos a andar hacia el azul, allende
el mar con un pez saltando bajo mi mano
allí donde mi corazón late sin prisa.
30.12.04
aún falta...
(...) Cuando desperté la tenía encima de mí moviéndose sin control mientras me follaba, y en aquel momento fue cuando comencé a reflexionar porque la reconocía. Yo no sentía ni entendía absolutamente nada, ella desgarraba la piel de mi pecho, de mis brazos y de mi cuello y yo no recuerdo ningún dolor. Su mirada sí era distinta, me miraba con rabia, fuerza, asco, placer, qué sé yo, me harté de sus movimientos y la aparté, pero no tardó en abalanzarse sobre mí para propinarme incansables puñetazos con tremenda fuerza. Me agotó y mi cuerpo fue suyo por todo el día y por todos los días. Cada vez que despertaba de mi letargo la veía sobre mí y me golpeaba dejándome inconsciente al leer mis pensamientos. No sé ni cuánto tiempo estuve en esa situación. Llegué a pensar que estaba muerto. Pero un día su fútil mente se vio desbordada por un desconocido ahínco; su sed de sexo le había llevado a provocarme dolor, cuando jamás lo había sentido desde que me encontraba en aquella situación. Y desperté. (...)
9.12.04
continúa Aryan
(...) Mi cuerpo y mi mente están ligados, puedo respirar menos temperatura de la normal en un ser humano común, el olor que tanto odio me atrae hasta las bases de unos viejos olmos postrados en una estructura de fortaleza. Unos colmillos de color marfil dejan entrever la bebida y la carne, rápidas dentelladas a su presa ya muerta y sed, mucha sed entre lo que a mí me parecía un frío glaciar. Y llamo sin entrar. Los ojos de vampiro se clavan en los míos, que cierro por varios instantes para visualizar mi postura. Estoy en armonía con uno de los ancestrales olmos allí presentes, paralelo a él, a unos siete metros del suelo y a menos de cuatro centímetros de su corteza, escuchando su voz, su vida. (...)
Extracto de "Aryan"
Extracto de "Aryan"
30.11.04
Un dios en la montaña
Por un prado de bosquejos minúsculos, flores y ruiseñores al son de la eternidad danzaban los sueños del joven Khalid. Languidecía su realidad cuando en el portal de la sociedad se encontraba su cuerpo, luchaba por sonreír pero encontraba ese duro llorar. Un día, en su prado donde apaciblemente pacían numerosos mamíferos multicolores, observó al ras de su sombra una senda movible de miles y miles de hormigas que se deslizaban en una dirección pero en dos sentidos, como si fuera una gran mole plana de asfalto por la cual rodar hacia el norte o hacia el sur. Siguiendo uno de los dos lados hasta el final encontró un gigantesco hormiguero, del cual entraban y salían muchos individuos. Comenzó a observar detenidamente los movimientos que realizaban: los que salían lo hacían de vacío, se cruzaban con sus supuestos amigos que regresaban de una larga jornada de trabajo; los que volvían traían algo entre las mandíbulas, siempre algo de riqueza en su mundo, la cual no era más que alimento. Los movimientos de unas y otras al cruzarse eran disuasorios, choques a gran velocidad intentando protegerse y reconocerse, roces frontales para intentar visualizar el tamaño del amigo u oponente. Las más listas se dispersaban por los flancos, las menos intrépidas desfallecían en medio de la conjunción de pasos que trotaban por encima de sus cuerpecillos. Khalid empezó a clasificarlas, a pesar de los cientos que entraban y salían cada minuto. Algunas de ellas tenían que ser arrastradas por otras, “había de sobra”, se dijo, mientras contemplaba cómo su dieta era de lo más variada y hasta sus desvalidos, heridos y muertos eran aprovechados también. Se dio cuenta de que en su viaje la ceguera les tapaba la realidad; en un devenir continuo en pos del fruto sagrado habían olvidado quiénes eran sus hermanos, padres, primos y demás familiares si es que algún día fueron conscientes de que los tenían. Habían sido concebidos para una misión, la de alimentar los futuros huevos, las clases altas de la hegemonía hormiguera y llenar su despensa de comida para soportar el frío, el agua y el desasosiego. Entre toda esa maraña de individuos que caminaban con ganas de cumplir con el trabajo cuanto antes también había clases sociales, en el centro del hormiguero había individuos más grandes que los demás que salían y entraban, más grandes que los normales, más fuertes en apariencia y de más valía, supuso, para la gran ciudad que se escondía bajo su mirada. Esas hormigas gigantes parecían ser las capataces de tamaño tinglado, dirigían y ordenaban hacia dónde salir a las trabajadoras que salían, Khalid las llamó directrices. Otras, un poco más dentro del hormiguero y entre la densidad de las pequeñas, sobresalían por el tamaño de su cabeza, eran pocas y su aislamiento le indujo a pensar que se ocupaban de la protección de las futuras estirpes, las llamó reinas. Y entre el populacho incomprendido, amo todopoderoso del trabajo enérgico y alimentador de la riqueza de la extraña ciudad que se abría ante sus ojos y ante su moralidad, desvió su vista hacia las hormigas obreras, tal y como las llamó tras un no muy largo pensar. Conoció en ellas los rasgos de la servidumbre, de la incomprensión, de la irritabilidad excesiva por llegar a desempeñar antes que ninguna otra su trabajo excelso cueste a quien le cueste, y pensó. Su yo se transformó en un híbrido entre ser humano y hormiga obrera, y se transportó hacia las montañas que trascendían a lo lejos de sus ojos de humano.
Sus árboles habían visto demasiados asesinatos, su suelo había sido pisado por demasiada hipocresía, por rudo interés y por unas absurdas ideas de poder que concluían en mandatos de intolerancia y persecución de las ideas de progreso para constituir un reino, dinastía o régimen tiránico, ya no sabía encauzar el papel que le había sido reservado a su alma de crecer en libertad. En constantes luchas por el hambre y entre las tinieblas que llegaban a sus oídos por parte de militares, los rumores de escape se trasladaban de joven en joven hasta que se decidían a nadar si fuera necesario hasta orillas de pan y buena vida. Khalid nadó, se hundió y flotó para llegar a las costas que auguraban los ecos de su tierra. Encontró oposición y resistencia egoísta entre las gentes, que vivían en calles llenas de casas con tiendas de comidas y ropas, parecía que el orden imperaba en ese mundo, completamente distinto a lo que había vivido, estantes de libros se abrieron paso a su admiración. La inteligencia se había visto crecida gracias al acceso a la cultura y a la libertad. De los errores cometidos por sociedades anteriores se aprende a construir la nueva sociedad sin tantos fracasos. Pero el poder puede trocarlo todo.
Un rincón de dioses, pensó. La mente de Khalid en lo más alto de la montaña podía vislumbrar la más lejana de las vidas que le rodeaban. Explorando la ancestral sociedad del hormiguero concluyó sus pensamientos: esas obreras que trabajan día y noche por alimentar las futuras manadas de hormigas que proseguirán haciendo su mismo trabajo cuando vivan tienen una filosofía de vida, cierto es que se la han impuesto, igual de cierto que es necesario para la conservación de la especie. Las directrices controlaban todo sin trabajar, las reinas vivían de las rentas conseguidas por las hermanas obreras, aunque ese matiz conceptual entre otras cosas marcaba la diferencia. Una sociedad de clases gobernada por unos pocos, comprendía Khalid, es tan difícil comprender, decía mirando las azules nubes que esquivaban la montaña. La diferencia son nuestros centímetros cúbicos de capacidad cerebral, donde se mezclan o se deben mezclar todos los valores para ser iguales. Pensó que entre los seres humanos todos somos iguales, quiso pensar en que no existían las clases sociales que no llevaban a nada más que a una rebeldía justa por conseguir la igualdad. Pensó en el conocimiento de todos, pues nos tenemos que ayudar los unos a los otros para poder vivir a gusto, en paz y felicidad. Pensó, finalmente, en controlar desde allí el poder que le había sido asignado a su alma, antaño joven guerrera y fuerte como la hiel, y se propuso reorganizar esos bosquejos que rodeaban el prado que tanto tiempo había pasado por su mente, esos astados permanecerían consumiendo el verde que seguiría creciendo ante las miradas de los millones de insectos que caminarían bajo él, dulce y cortésmente se saludarían con grandes abrazos amistosos y los más ligeros y alados avisarían a los seres más grandes por encima de ellos su presencia en el lugar, para evitar accidentes no deseados. Aquella sociedad de clases del gran hormiguero se aboliría para encargarse cada grupo de la alimentación de su familia, y si alguien lo necesitaba, por supuesto, se le ofrecería ayuda.
Esa sed de poder también estaba presente en las sociedades humanas. No lo comprendía. No podía comprender cómo, entre la abundancia, podíamos recurrir a tan poco. Para él ese deseo de tener riqueza, manifestada de diversas formas en el mundo industrializado, consumista y televisivo, no era más que un pretexto para buscar otra vida. Khalid encontró al llegar a un país del primer mundo mucha pobreza mental. Desprecio, miedo, incomodidad, distinción, violencia, racismo, incomprensión. Le resultó increíble ver cómo el desarrollo social había sido gigantesco, pero la mente aún podía ser más trabajada. La cultura vasta que estaba en vigor de esa sociedad sucumbió ante las nuevas necesidades que pedían un cambio. Admiraba la enorme catapulta de la educación, se prendó de todo lo que significaba saber. Y tras años de convivencia austera con muchos de los ciudadanos ha aprendido a vivir; se ha integrado en una sociedad en la que perfectamente puede existir, pues no es más que un ser humano que ha absorbido de los libros el poder de saber distinguir lo que está bien de lo que está mal, nadie mejor que él sabe lo que significa ayudar, no hay mejor forma de apreciar algo que careciendo de ello, sabe que debemos luchar por la igualdad porque todos somos iguales, no importa la raza, el color, el idioma, el sexo ni la religión. Ha aprendido a vivir en paz, ha aprendido a amar ese pedazo de prado de color alegre que se viste ante sus ojos día tras día con multitud de animales y personas respetuosas, y sólo pide que se le respete.
Sus árboles habían visto demasiados asesinatos, su suelo había sido pisado por demasiada hipocresía, por rudo interés y por unas absurdas ideas de poder que concluían en mandatos de intolerancia y persecución de las ideas de progreso para constituir un reino, dinastía o régimen tiránico, ya no sabía encauzar el papel que le había sido reservado a su alma de crecer en libertad. En constantes luchas por el hambre y entre las tinieblas que llegaban a sus oídos por parte de militares, los rumores de escape se trasladaban de joven en joven hasta que se decidían a nadar si fuera necesario hasta orillas de pan y buena vida. Khalid nadó, se hundió y flotó para llegar a las costas que auguraban los ecos de su tierra. Encontró oposición y resistencia egoísta entre las gentes, que vivían en calles llenas de casas con tiendas de comidas y ropas, parecía que el orden imperaba en ese mundo, completamente distinto a lo que había vivido, estantes de libros se abrieron paso a su admiración. La inteligencia se había visto crecida gracias al acceso a la cultura y a la libertad. De los errores cometidos por sociedades anteriores se aprende a construir la nueva sociedad sin tantos fracasos. Pero el poder puede trocarlo todo.
Un rincón de dioses, pensó. La mente de Khalid en lo más alto de la montaña podía vislumbrar la más lejana de las vidas que le rodeaban. Explorando la ancestral sociedad del hormiguero concluyó sus pensamientos: esas obreras que trabajan día y noche por alimentar las futuras manadas de hormigas que proseguirán haciendo su mismo trabajo cuando vivan tienen una filosofía de vida, cierto es que se la han impuesto, igual de cierto que es necesario para la conservación de la especie. Las directrices controlaban todo sin trabajar, las reinas vivían de las rentas conseguidas por las hermanas obreras, aunque ese matiz conceptual entre otras cosas marcaba la diferencia. Una sociedad de clases gobernada por unos pocos, comprendía Khalid, es tan difícil comprender, decía mirando las azules nubes que esquivaban la montaña. La diferencia son nuestros centímetros cúbicos de capacidad cerebral, donde se mezclan o se deben mezclar todos los valores para ser iguales. Pensó que entre los seres humanos todos somos iguales, quiso pensar en que no existían las clases sociales que no llevaban a nada más que a una rebeldía justa por conseguir la igualdad. Pensó en el conocimiento de todos, pues nos tenemos que ayudar los unos a los otros para poder vivir a gusto, en paz y felicidad. Pensó, finalmente, en controlar desde allí el poder que le había sido asignado a su alma, antaño joven guerrera y fuerte como la hiel, y se propuso reorganizar esos bosquejos que rodeaban el prado que tanto tiempo había pasado por su mente, esos astados permanecerían consumiendo el verde que seguiría creciendo ante las miradas de los millones de insectos que caminarían bajo él, dulce y cortésmente se saludarían con grandes abrazos amistosos y los más ligeros y alados avisarían a los seres más grandes por encima de ellos su presencia en el lugar, para evitar accidentes no deseados. Aquella sociedad de clases del gran hormiguero se aboliría para encargarse cada grupo de la alimentación de su familia, y si alguien lo necesitaba, por supuesto, se le ofrecería ayuda.
Esa sed de poder también estaba presente en las sociedades humanas. No lo comprendía. No podía comprender cómo, entre la abundancia, podíamos recurrir a tan poco. Para él ese deseo de tener riqueza, manifestada de diversas formas en el mundo industrializado, consumista y televisivo, no era más que un pretexto para buscar otra vida. Khalid encontró al llegar a un país del primer mundo mucha pobreza mental. Desprecio, miedo, incomodidad, distinción, violencia, racismo, incomprensión. Le resultó increíble ver cómo el desarrollo social había sido gigantesco, pero la mente aún podía ser más trabajada. La cultura vasta que estaba en vigor de esa sociedad sucumbió ante las nuevas necesidades que pedían un cambio. Admiraba la enorme catapulta de la educación, se prendó de todo lo que significaba saber. Y tras años de convivencia austera con muchos de los ciudadanos ha aprendido a vivir; se ha integrado en una sociedad en la que perfectamente puede existir, pues no es más que un ser humano que ha absorbido de los libros el poder de saber distinguir lo que está bien de lo que está mal, nadie mejor que él sabe lo que significa ayudar, no hay mejor forma de apreciar algo que careciendo de ello, sabe que debemos luchar por la igualdad porque todos somos iguales, no importa la raza, el color, el idioma, el sexo ni la religión. Ha aprendido a vivir en paz, ha aprendido a amar ese pedazo de prado de color alegre que se viste ante sus ojos día tras día con multitud de animales y personas respetuosas, y sólo pide que se le respete.
26.11.04
Aryan
(...) no entendía muy bien el motivo de aquel ritual en el que la sangre bordeaba la sensación de mareo de esos seres, perdían por momentos cantidades ingentes, sus rostros parecían morir de terror al ver su propia sangre pero no al sorprenderse de el grandioso ser que tenían delante. Así era este bicho, desangraba a sus víctimas con una tranquilidad pasmosa, caían a sus pies admirando su poder presas de un gozo exquisito y sobrenatural llamado sexo, los nervios se alteraban, la piel se erizaba y un estremecimiento viajaba por todo el cuerpo desnudo, espasmos de muerte, atisbos de inconsciencia, ardor por llegar al clímax (...)
Extracto de "Aryan"...
Extracto de "Aryan"...
19.11.04
citas
En la televisión había unos pseudointelectuales que se creían que sabían mucho, tanto es así que nos lo hacen creer, y me pregunto ¿quiénes se han creído que son? Da pena oírles hablar. No les afecta el cosquilleo del directo, el millonazo de ojillos puestos en las arrugas y demás defectos de sus maquillados rostros parece pasar desapercibido ante sus enunciaciones que no son más que eso. Oyen voces de sus compatriotas asintiendo con la cabecita con la mirada clavada en un punto fijo: los ojos del interlocutor y compa?ero de tertulia. Y esto lo consiguen y nos hacen creer que están a todo, pese a que sus mentes están recordando aquel párrafo que se aprendieron de memoria mientras iban de camino al estudio en taxi pagado. Sí, aquel párrafo que, como tantas y lamentables otras veces ya habían usado en otros espacios televisivos, radiofónicos, periodísticos y humanos. Aquel en el que rememoraban a un autor de algo, a un yo qué sé, sea famoso, sea un clásico, ya podrá ser desde Homero y no creo que ninguno antes hasta Joaquín Prat o el empresario Pocholo, que hay que tener güevos pa comprarle. Se miran mientras el uno parece que habla con el otro, largan su parrafada esperando una interrupción cuando la calvicie del otro deja de subir y bajar en ascensor y callan pensando en cuál será el siguiente; vaya, han citado a Góngora. Ahora a Hugues, otrora a Ronaldinho. No se cansan, madre mía cuánto han leído estos tipos que se han aprendido lo que decían estas otras gentes, y cuántos y cuántos, de El Bierzo no deben ser, sin ofender que sólo era un ejemplo, podría haber dicho Móstoles, ya puestos. Se miran y se intercambian el planeado turno, desconocen lo que significa la palabra escuchar, no les entran sudores ni con los focos porque sólo piensan en una cosa, tan sólo rescatan de sus cerebros a más y más personajes que citaban algo y que aunque no vengan a cuento quedan bien. El programa tiene audiencia y un toque intelectual. Se habla de él en la sala El Sol, en la Fnac, en el Café Gijón, no me lo creo. Sus carteritas negras se han extendido a todos sus amigotes -hay miles de esnobistas-, y sus gafas de pasta les dan un toque bohemio, y unido todo a unos zapatos de vanguardia de Zara con una camisa de seda oscura y el cuarto de bote de gomina en un pelo ligeramente despeinado según las tendencias de Cosmopolitan lo clavan: son el futuro, y además está ahí como dicen los anuncios de afíliate a las fuerzas armadas. Y la verdad es que a decir verdad me ponen de muy mala hostia. Estoy hasta los cojones de ver cómo salen licenciados en periodismo con faltas de ortografía irreversibles, en los periódicos falta calidad a la hora de redactar y se ven fallos sintácticos porque los de puntuación me los salto, estos de la tele no saben hablar improvisando y todos ellos me recurren a la mierda de las citas, y si no a los latinajos, que también se han puesto muy de moda pese a que ni Cristo sabe nada de latín. Un respeto, por favor, que nadie se ría apuntando lo que dice Ronaldinho para luego escribirlo, y tampoco creo que para hacer un buen periodismo haya que recurrir a todo lo que recurren nuestros periodistas, esos cultos y repipis amigos que cada día aparecen para ganar dinero nuestro como intelectuales cuando en realidad son una panda de papanatas. ¿He dicho ya que en un futuro estudiaré periodismo?
16.11.04
Amor por amor, orgullo de soledad
cuando te alías con la marea en calma
revientas tus halos, desdichas con bondad
devienes en la paz que acaricia el alma.
cuando te alías con la marea en calma
revientas tus halos, desdichas con bondad
devienes en la paz que acaricia el alma.
14.11.04
caricias
?Alguien sabe lo que es una caricia? Sí, seguramente todos lo sepamos. Es un roce, y ?cuántos sabemos acariciar? Pues no hay leyes, no hay normas, no hay condiciones, pero tampoco hay excepciones a las caricias. Seguro que si vamos pensándolo un poco más nos daremos cuenta de lo poco que acariciamos si es que acaso sabemos hacerlo. Y sí, ya sé que quien tiene un perro tiene un tesoro, y quien tiene un gato un peluche, pero aquí me refiero a las caricias por amor.
?Qué pocas se ven! ?Verdad? Y es que se están en peligro de extinción. Hoy en día nadie se acaricia, nadie acaricia a su pareja, y me pregunto por qué. Cierto es que vivimos condicionados a una trepidante aventura en la que se madruga, se trabaja, se come y se vuelve a trabajar para llegar a casa hechos polvo, dormir, repetir lo mismo el día siguiente y el día siguiente hasta el sábado, donde se come en casa de los suegros o padres y por la noche se fornica para descansar plácidamente tras un brevísimo orgasmo y llegue el domingo para comer de lata y tirarse al sofá o mucho peor, ir al cine, ay, peor porque al volver no hay dónde aparcar. Cierto es que esto identifica al noventa por ciento de las parejas, ?o no? Pues sí, claro que sí. Y es lo que nos marca, nadie nos dice haz esto o lo otro pero se nos ense?a el camino. Y todo esto está ligado a la mala educación que recibimos, al deseo de dar respiro a nuestras vidas tras tanta tensión laboral, o familiar, o conyugal semana tras semana. Todo lo que se nos mete en la cabeza tiene una razón de ser porque somos máquinas manipulables y tercas. Y qué fue del amor. Qué fue de la imaginación, qué fue del tiempo parado, del poder de una mirada, de la magia de un beso.
Todo depende de nosotros. Sed felices, pero dejad la prisa, dejad el cine, dejad todo por una caricia. Y mantened esa caricia con cari?o, nunca con la maldita costumbre.
?Qué pocas se ven! ?Verdad? Y es que se están en peligro de extinción. Hoy en día nadie se acaricia, nadie acaricia a su pareja, y me pregunto por qué. Cierto es que vivimos condicionados a una trepidante aventura en la que se madruga, se trabaja, se come y se vuelve a trabajar para llegar a casa hechos polvo, dormir, repetir lo mismo el día siguiente y el día siguiente hasta el sábado, donde se come en casa de los suegros o padres y por la noche se fornica para descansar plácidamente tras un brevísimo orgasmo y llegue el domingo para comer de lata y tirarse al sofá o mucho peor, ir al cine, ay, peor porque al volver no hay dónde aparcar. Cierto es que esto identifica al noventa por ciento de las parejas, ?o no? Pues sí, claro que sí. Y es lo que nos marca, nadie nos dice haz esto o lo otro pero se nos ense?a el camino. Y todo esto está ligado a la mala educación que recibimos, al deseo de dar respiro a nuestras vidas tras tanta tensión laboral, o familiar, o conyugal semana tras semana. Todo lo que se nos mete en la cabeza tiene una razón de ser porque somos máquinas manipulables y tercas. Y qué fue del amor. Qué fue de la imaginación, qué fue del tiempo parado, del poder de una mirada, de la magia de un beso.
Todo depende de nosotros. Sed felices, pero dejad la prisa, dejad el cine, dejad todo por una caricia. Y mantened esa caricia con cari?o, nunca con la maldita costumbre.
7.11.04
... y vaya poderes
Vaya. Qué debacle. Aún no salgo de mi asombro. En mi defensa diré que no utilicé todo el poder que debí haber utilizado, porque cualquiera que lea esto dirá este tío no tiene ni poderes ni nada. El tema requería más concentración, y más aún, ya no sólo no estaba en mi mano sino que a efectos de mi poder no merecía la pena gastarlo -mi poder se va consumiendo, claro...-, prefiero reservarlo para cosas más importantes dentro de mi vida, y aquí entra en acción el todos vamos a lo nuestro. Pero por desgracia, y qué jodida desgracia, eso también nos afecta, y no sé muy bien todavía cómo. Lo fundamental será de forma económica, lo de fundamental será para muchos. A mí en concreto no me importa. Si se retrasa la... mejor me voy a callar, anda. Cambiemos de temita. ?Que no! Es que este sistema de votación no me convence. ?Qué puede pasarles a los cabrones de tejanos, si saben que si pasa algo es en Nueva York, California o Washington? Y qué casualidad que en estos estados hayan... Bueno a rezar, qué co?o, para qué, si sabemos que estamos controlados por una red mundial de coleguitas que son los amos del mundo, los se?ores del dinero, los del petróleo, las dinastías y la CIA. Sigamos viendo el puto fútbol, y en su defecto los jodidos -y nunca mejor dicho- y pobrecillos toros. Hay que joderse.
3.11.04
Poderes
Desde hace mucho tiempo considero que tengo poderes. Tantas y tantas cosas de las que hago van condicionadas a ellos, y otras muchas que pienso también. Y qué curioso, que nunca nunca me han fallado. Claro, si no no serían poderes. Hay personas que dicen que leen las mentes, que curan a enfermos, otras que ven llorar sangre a jarrones, paredes, pedazos de tela. Otras ven alitas a hormigas en pleno verano, y en invierno a otras cosas; hay otras que ven el bien donde otros, simplemente, vemos el mal. Y ahora y durante un rato largo casi todos mis poderes van a estar dirigidos a un fin: volar hacia unas mentes recónditas a muchos kilómetros de distancia para que voten a Kerry. Ha de ganar.
2.11.04
Puré de patatas
Qué pelo más grasiento. Salió de allí haciendo fu fu. Con una camisa de raso azul familiar, un poco transparente y sudorosa, calle abajo sin contemplaciones, con una lluvia de petardos y cohetes que estallaban a dos pasos de él. Uno de ellos se le incrustó en el brazo, le ardía la camisa, la piel y las ganas de quitárselo de encima, corrió más y más entre explosiones de placer -al parecer-, luces de júbilo y demás retorcidas chorradas de las alegres sonrisas petarderas que le imbuían una y otra vez en su fiesta. Cuando llegó a la puerta no había nadie, abrió, entró y cerró y por ese orden, si no no podría haber visto lo que vio. En uno de los cuartos estaban tumbadas tres mujeres, las mismas que en la peluquería se reían de ver la escena. Aparentaban sue?o, yacían boca arriba muy juntas -lo que le pareció raro- y con la boca entreabierta, se acercó y descubrió lo que no había pensado ni podía pensar, más que nada porque era imposible. Sus melenas estaban completamente desbaratadas, nada parecido a lo que había pasado en la peluquería, donde estaban bajo un calefactor blanco que hacía un ruido horrendo. Se reían de él como condenadas en sus sue?os más íntimos, con revistas a todo color cargadas de fotos de personas sin texto, y de vez en cuando se levantaban para agitar sus rulos al aire y menear el trasero de forma poco original pero resultona. Completo horror, no daban se?ales de vida, no sabía qué hacer, no sabía cómo salir, el brazo izquierdo profundamente herido con bastante sangre y las manos pegajosas como la sangre misma. Muertas, se dijo tras asumir la delicadeza de sus manos la excelsa tarea de reconocer o no reconocer sus vidas. Nervioso, ansioso de volante, cerró la puerta, bajó y subió al vehículo hasta el valle del álamo, al final del prado, para que le hablara la única persona de este mundo que le hacía caso, su Lope. Pensaba mientras aceleraba la máquina negra que parecería una fiera a los mosquitos que se cruzaban en su camino que le quería, que era afín a él, se entendían, y además se querían. Le ayudó su imagen antes de rozar a un deshojado, antes de cada frenada, antes y después de llegar a verlo. Hablaron poco, volviendo al volante del desasosiego hacia la mansión, tras haber mantenido una absurda conversación. Antes y después de bajar del preciado coche había luces cegadoras, y mientras cerraba la puerta se volvían a repetir los murmullos de fondo, cada vez más cerca de sus oídos. Subió, no había nadie en la calle, en ningún sitio, al abrir encontró a Lope en la misma situación que ellas, encima, constituyendo un montoncito sin vida de materia inerte que no respondía ni a las patadas que les propinaba. Bajó y corriendo subió calle arriba con idénticos caramillos de virtud supuesta que no llegaba a comprender. Cohetes y ruidos se agolpaban contra él, le deseaban en todo momento, al igual que Lope, que en sus sue?os sería su único amante o al menos el único no desquiciado de todos con los que solía acabar. Fuego en un muslo, le ardía la pierna izquierda, le habían hecho una herida abierta de fuego y cenizas, pesaba, tardó en llegar a la peluquería que continuaba con la puerta abierta.
Entró tras advertir de un corte de pelo, sentadas a su izquierda tres mujeres con sonrisas entre rápidas palabras farfulladas como la seda, más cerca un ridículo espejo a su derecha y enfrente el peluquero, un tipo medio con una curiosa vestimenta brillante a la luz, amarillo reluciente y elásticos ajustados violetas, zapatillas ridículas -como todo- y boina hortera negra que descuelga. Tras haberse sentado echa la cabeza hacia atrás, saca un barre?o de una pasta amarillenta, una masa pringosa y pastosa parecida al puré de patatas de Lope, ya no siente dolor en la pierna ni tampoco en el brazo, ya sólo se siente inmerso en el barullo de fondo que dirigen las tres mujeres de su izquierda, ahora le aplica la masa asquerosa del sucio recipiente por la cabeza, restriega una y otra vez rascando con las u?as negras, cargadas de basura orgánica y apestoso dinero, grasientas al rehogo de la pasta. Cierra los ojos, intenta olvidar lo visto, pero al abrirlos se ve con todo eso colgando de la cabeza, y risas y risas de fondo provenientes ya ni sabe reconocer. Después de levantarse salió corriendo calle abajo hacia la casa. Más petardos, más pitidos, las luces le perseguían pero seguía corriendo. Hacia el fin del enigma, quería descubrir bajo su terquedad qué estaba pasando este día tan extra?o, nada iba bien con malas compa?ías por arriba sin saber exactamente qué era arriba ni por qué. Se le pasaron por la cabeza un sinfín de cosas pero ninguna encajaba, todas eran desencadenantes de un pensamiento de Lope. Un día le había dicho que iba a morir. No dio detalles asegurando que no quería asustarle, que viviera, que saltara, que se prendara de alguien racional entre los suyos con quien compartir un día triste o alegre. Oídas desde muy joven, aquellas palabras tan bien grabadas no obtuvieron respuesta. Se había enamorado de la forma de decirlas, no ya de él mismo que le volvía loco, sino de su forma de afrontar las situaciones y de resolverlas, sobre todo. Solía hacer a veces para casi todos una pasta amarilla que mojaba en el arroyo para que no se quedara tan densa, y la ofrecía a quienes la quisieran; de ahí que le recordara todo a estos días en los que se comía todo lo que él hiciera para estar cerca. Pero en el fondo
Lope era uno más. Él no siempre le tenía en la cabeza, pero en situaciones desesperantes como esta aparecía con firmeza y pies de plomo. Además nunca llegó a nada con él pero verle muerto y acordarse al cabo de no sé cuánto tiempo le impresionó. Precisamente porque le hizo recordar todo lo prohibido, digamos. También se acordó de quiénes eran las tres mujeres de boca entreabierta que yacían cuerpo sobre cuerpo en el vestíbulo de la gran mansión circular. Y fue ahí y no antes cuando le entró el pánico en el cuerpo, coincidiendo con la vuelta del conocimiento pero no de la frialdad de su mirada. La piel le temblaba porque el inevitable dolor había regresado a sus carnes estampadas con un horrible signo parecido a un número. La velocidad de la máquina ya no era tal, iba descendiendo a medida que los jadeos nacían y crecían dentro de sí mismo antes de llegar a la casa. Resbalaba una y otra vez pero se levantaba con fuerza y ganas de llegar, intentaba no escuchar el vocerío que resplandecía junto a las luces en algún sitio del cielo, alguien le estaba castigando con la debilidad -pensó- impropia de él. Lo conseguía, volvía a levantarse y a caminar lentamente, esta vez para dilucidar quién demonios le tiraba al suelo y por qué cada vez le dolía más la quemadura tan terrible del muslo que no podía ni mirarse por miedo al desmayo. Nadie, una y otra vez iba al suelo empujado por la trampa de pitidos, luces y sinrazón que le albergaba una multitud escondida y cegada por el tumulto de lo absurdo. Se echó pensando en que no tenía ganas de nada, no quería oír lo que oía, anhelaba la paz del prado verde, deseaba tener a Lope al lado para estar con él, para mirarle a los ojos, para que le hablara con su tono de voz tan resonado y dulce para él. Quería asegurarse de quiénes eran las tres mujeres de la peluquería, resolver el enigma que desde hace mucho tiempo se le impuso y por supuesto, ver al peluquero, quien se le había evaporado de la mente desde que le echó la papilla por la cabeza y seguía despotricando cuello arriba cuello abajo para quitársela de encima. Abre y cierra rápido los ojos para dejarlos completamente abiertos, parece que hay voces, pitidos en torno a la puerta de los cuartos de la gran casa. Petardos dejan de sonar y los cohetes cesan de dibujar lanzas humeantes por el aire en su misma dirección. Incluso algunas luces descienden de intensidad, poco a poco el silencio gana paso hasta desembocar en la calma. Se sorprende, se arma de valor, de fuerza y de velocidad, incluso llega a creer que todo ha acabado, que tras esa puerta estará Lope con una de sus sonrisas espectaculares y se dirigirá a él para charlar un rato. Corre hacia allá con su valor propio enriquecido con las ganas de saber. Tras atravesar la puerta descubre la misma monta?ita. Lope en lo alto sin vida, sin hablar, sin regurgitar el placer de proporcionar a los demás los ratos de antes. Se ha acabado todo eso y lo confirma porque está consciente. Las otras tres yacen muertas y aunque sabe quiénes son se lamenta de ver perdido a su Lope. Al girarse le retorna el dolor a su cuerpo, se siente herido y corre hacia la otra puerta en busca de su sino. Por fin, a unos metros y con todo el silencio del mundo, el peluquero se le acerca con una espada en la mano amenazante. Se la clava y se hace la luz. Con el griterío de fondo cae asesinado en un ruedo de arena que parece un enorme plato de puré de patatas en el que un tenedor y un cuchillo le han quitado la vida.
Entró tras advertir de un corte de pelo, sentadas a su izquierda tres mujeres con sonrisas entre rápidas palabras farfulladas como la seda, más cerca un ridículo espejo a su derecha y enfrente el peluquero, un tipo medio con una curiosa vestimenta brillante a la luz, amarillo reluciente y elásticos ajustados violetas, zapatillas ridículas -como todo- y boina hortera negra que descuelga. Tras haberse sentado echa la cabeza hacia atrás, saca un barre?o de una pasta amarillenta, una masa pringosa y pastosa parecida al puré de patatas de Lope, ya no siente dolor en la pierna ni tampoco en el brazo, ya sólo se siente inmerso en el barullo de fondo que dirigen las tres mujeres de su izquierda, ahora le aplica la masa asquerosa del sucio recipiente por la cabeza, restriega una y otra vez rascando con las u?as negras, cargadas de basura orgánica y apestoso dinero, grasientas al rehogo de la pasta. Cierra los ojos, intenta olvidar lo visto, pero al abrirlos se ve con todo eso colgando de la cabeza, y risas y risas de fondo provenientes ya ni sabe reconocer. Después de levantarse salió corriendo calle abajo hacia la casa. Más petardos, más pitidos, las luces le perseguían pero seguía corriendo. Hacia el fin del enigma, quería descubrir bajo su terquedad qué estaba pasando este día tan extra?o, nada iba bien con malas compa?ías por arriba sin saber exactamente qué era arriba ni por qué. Se le pasaron por la cabeza un sinfín de cosas pero ninguna encajaba, todas eran desencadenantes de un pensamiento de Lope. Un día le había dicho que iba a morir. No dio detalles asegurando que no quería asustarle, que viviera, que saltara, que se prendara de alguien racional entre los suyos con quien compartir un día triste o alegre. Oídas desde muy joven, aquellas palabras tan bien grabadas no obtuvieron respuesta. Se había enamorado de la forma de decirlas, no ya de él mismo que le volvía loco, sino de su forma de afrontar las situaciones y de resolverlas, sobre todo. Solía hacer a veces para casi todos una pasta amarilla que mojaba en el arroyo para que no se quedara tan densa, y la ofrecía a quienes la quisieran; de ahí que le recordara todo a estos días en los que se comía todo lo que él hiciera para estar cerca. Pero en el fondo
Lope era uno más. Él no siempre le tenía en la cabeza, pero en situaciones desesperantes como esta aparecía con firmeza y pies de plomo. Además nunca llegó a nada con él pero verle muerto y acordarse al cabo de no sé cuánto tiempo le impresionó. Precisamente porque le hizo recordar todo lo prohibido, digamos. También se acordó de quiénes eran las tres mujeres de boca entreabierta que yacían cuerpo sobre cuerpo en el vestíbulo de la gran mansión circular. Y fue ahí y no antes cuando le entró el pánico en el cuerpo, coincidiendo con la vuelta del conocimiento pero no de la frialdad de su mirada. La piel le temblaba porque el inevitable dolor había regresado a sus carnes estampadas con un horrible signo parecido a un número. La velocidad de la máquina ya no era tal, iba descendiendo a medida que los jadeos nacían y crecían dentro de sí mismo antes de llegar a la casa. Resbalaba una y otra vez pero se levantaba con fuerza y ganas de llegar, intentaba no escuchar el vocerío que resplandecía junto a las luces en algún sitio del cielo, alguien le estaba castigando con la debilidad -pensó- impropia de él. Lo conseguía, volvía a levantarse y a caminar lentamente, esta vez para dilucidar quién demonios le tiraba al suelo y por qué cada vez le dolía más la quemadura tan terrible del muslo que no podía ni mirarse por miedo al desmayo. Nadie, una y otra vez iba al suelo empujado por la trampa de pitidos, luces y sinrazón que le albergaba una multitud escondida y cegada por el tumulto de lo absurdo. Se echó pensando en que no tenía ganas de nada, no quería oír lo que oía, anhelaba la paz del prado verde, deseaba tener a Lope al lado para estar con él, para mirarle a los ojos, para que le hablara con su tono de voz tan resonado y dulce para él. Quería asegurarse de quiénes eran las tres mujeres de la peluquería, resolver el enigma que desde hace mucho tiempo se le impuso y por supuesto, ver al peluquero, quien se le había evaporado de la mente desde que le echó la papilla por la cabeza y seguía despotricando cuello arriba cuello abajo para quitársela de encima. Abre y cierra rápido los ojos para dejarlos completamente abiertos, parece que hay voces, pitidos en torno a la puerta de los cuartos de la gran casa. Petardos dejan de sonar y los cohetes cesan de dibujar lanzas humeantes por el aire en su misma dirección. Incluso algunas luces descienden de intensidad, poco a poco el silencio gana paso hasta desembocar en la calma. Se sorprende, se arma de valor, de fuerza y de velocidad, incluso llega a creer que todo ha acabado, que tras esa puerta estará Lope con una de sus sonrisas espectaculares y se dirigirá a él para charlar un rato. Corre hacia allá con su valor propio enriquecido con las ganas de saber. Tras atravesar la puerta descubre la misma monta?ita. Lope en lo alto sin vida, sin hablar, sin regurgitar el placer de proporcionar a los demás los ratos de antes. Se ha acabado todo eso y lo confirma porque está consciente. Las otras tres yacen muertas y aunque sabe quiénes son se lamenta de ver perdido a su Lope. Al girarse le retorna el dolor a su cuerpo, se siente herido y corre hacia la otra puerta en busca de su sino. Por fin, a unos metros y con todo el silencio del mundo, el peluquero se le acerca con una espada en la mano amenazante. Se la clava y se hace la luz. Con el griterío de fondo cae asesinado en un ruedo de arena que parece un enorme plato de puré de patatas en el que un tenedor y un cuchillo le han quitado la vida.
1.11.04
Lo que es es
Hay algo cierto, que esto es como es y si no lo fuese así no sería así. Si llevamos esta máxima a cualquier zona que nos rodea encontramos la respuesta. No se puede creer en algo porque no es, no existe, no es cierto.
Hojas
María había volado como las hojas caídas de los almendros, dando vueltas y vueltas sobre sí misma de un color rosa blanquecino. El viento la arrastraba lejos de su árbol, lejos de sus principios y lejos de su vida. Ella era una de aquellas volubles hojillas tan suaves que caían sin peso alguno. Por supuesto había un sinfín de hojarasca tersa que poblaba el suelo del peque?o parque. Pero María era una de las suaves, era una de esas que hacía partícipe a las demás parecidas a ella para separarse del tronco y sus raíces tan secas por la maldad, la hipocresía y el desamor. Las ramas eran la vida, la vida que había crecido como tantas otras, todas iguales en sus aspectos básicos pero en diferente constitución. Ella se movía a golpes de aire, el árbol en cambio permanecía impasible.


